Por Lourdes Pérez Navarro*

Imagen activaLa Habana (PL) Cualquier diccionario define el vocablo comerciar como “comprar y vender con fines de lucro” o “intercambiar productos”. Hablar de relaciones comerciales entre dos naciones significaría entonces ejecutar tales transacciones de manera bilateral. Llegado a este punto, cabría preguntarse: ¿Estados Unidos es socio comercial de Cuba?

Cierto que de allá para acá -y sólo en esa dirección- transita una cantidad importante de productos alimenticios, pero ¿bajo qué condiciones?

Las barreras impuestas son claras. Las ventas autorizadas sólo incluyen alimentos y medicinas, si bien las regulaciones para estas últimas hacen casi imposible su compra, en tanto debe demostrarse su empleo final.

Mientras, el pago es al contado, pues está prohibido otorgar créditos, y la transportación de las mercancías no puede efectuarse en barcos cubanos.

Los empresarios norteamericanos no pueden comprar productos ni invertir en Cuba -a pesar del interés cada vez mayor en hacerlo-, y los contactos de negocios están sumamente restringidos.

Y hay más. La mayor de las Antillas continúa sin poder exportar e importar libremente productos y servicios de tipo alguno hacia o desde los Estados Unidos en condiciones normales, como cualquier otro país.

No se le permite utilizar el dólar norteamericano en sus transacciones, incluidos los pagos a la Organización de las Naciones Unidas y a otros organismos internacionales.

La nación caribeña tampoco puede tener cuentas en esa moneda en bancos de terceros países o acceso a créditos de instituciones bancarias estadounidenses, de sus filiales en otras naciones y de instituciones internacionales como el Banco Mundial o el Interamericano de Desarrollo.

Comerciar con subsidiarias de empresas estadounidenses en terceras naciones continúa vedado.

Los empresarios que así lo hagan están expuestos a elevadas sanciones pecuniarias, según disponen las leyes que sustentan el bloqueo económico y comercial impuesto a Cuba, con marcado carácter extraterritorial.

Solo durante el gobierno de Barack Obama se han impuesto más de mil 100 millones de dólares por concepto de multas a entidades o ciudadanos por comerciar con la mayor de las Antillas, cifra superior a las registradas en anteriores administraciones estadounidenses.

¿Acaso a eso se le puede llamar comercio?, preguntamos al doctor Luis René Fernández Tabío, profesor e investigador auxiliar del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos, de la Universidad de La Habana.

“No existe comercio, pues lo realizado entre los dos países en la actualidad se limita a la importación por Cuba de productos agropecuarios y alimentos provenientes de Estados Unidos, proceso sujeto a estrictas regulaciones que lo limitan considerablemente”.

“No es comercio porque Cuba no puede exportar mercancías ni brindar servicios a Estados Unidos, excepto algunos renglones como obras de arte y publicaciones, lo cual resulta poco significativo.”

“Cuando representamos en un gráfico las “relaciones comerciales” entre ambos países, vemos solo una barra de importaciones cubanas, casi en su totalidad de productos alimenticios”.

“Estas transacciones deben ser pagadas en efectivo antes de que las cargas salgan de puertos estadounidenses, un elemento totalmente contrario a las normas internacionales del comercio”.

“Al estar impedidos de emplear la moneda norteamericana, las empresas y bancos cubanos sufren pérdidas. Recuérdese que tampoco existen operaciones directas entre bancos cubanos y norteamericanos”.

“Incluso los vuelos charter para los viajes autorizados por la administración estadounidense tienen que ser solo mediante aerolíneas de Estados Unidos y no mediante vuelos regulares, lo que crea muchos contratiempos y obstáculos en la transportación”.

-¿Esa relación en un único sentido afecta sólo a Cuba?

“Al tratar de asfixiar a la economía cubana no sólo se actúa contra Cuba, sino también contra los intereses de los Estados Unidos”.

“Ello es así porque las sanciones económicas, impuestas desde hace más de cinco décadas por el gobierno norteamericano, bloquean la participación de los agentes económicos estadounidenses en el comercio y las inversiones en la isla”.

“Además refuerzan el clima de confrontación que, indirectamente, obstaculiza otros ámbitos de las relaciones, como el académico, el deportivo, el cultural e incluso el familiar y personal”.

“Aun cuando la administración Obama ha abierto espacios para estos últimos, no son lo que cabría considerar como totalmente normales, sino regulados y con distintas restricciones”.

“En la práctica con tales políticas se asumen costos muy elevados y se consiguen efectos contraproducentes, si se acepta que el objetivo es provocar el colapso del gobierno cubano”.

“Las sanciones económicas, como el bloqueo, contrario a su presupuesto han conseguido fortalecer la unidad de la sociedad cubana, en lugar de fragmentarla y quebrar su sistema político y social”.

“También han logrado estimular un desarrollo económico más diversificado e independiente, que promueve una mayor autosuficiencia y el camino al perfeccionamiento de su sistema socioeconómico”.

“Sin desconocer sus costos económicos, el bloqueo ha creado la urgencia de producir los bienes necesarios y diversificar las relaciones económicas y políticas internacionales al máximo, buscando sustitutos y fuentes alternativas de recursos para lograr la invulnerabilidad económica”.

*Periodista de la Redacción Económica de Prensa Latina.

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