ELECCIONES DEL 2016 EN EEUU: APUNTES A PROPÓSITO DE LOS CAUCUS DE IOWA
por Ramón Sánchez-Parodi Montotoprimerias-republicano-580x440
La cobertura mediática sobredimensiona la importancia de los caucus de Iowa y tergiversa el significado de sus resultados. Se considera a Trump como el artífice de un movimiento político y que al ser Iowa donde se inicia la fase de las elecciones primarias los resultados de los caucus pueden extrapolarse al resto del país.
Pero distintos factores desmienten la tradicional connotación de considerar los caucus de Iowa como el evento que define el futuro del proceso eleccionario presidencial en los Estados Unidos; esta noción es reiteradamente cuestionada por numerosos comentaristas y políticos que sugieren y hasta reclaman que no se siga otorgando a Iowa ese lugar privilegiado en el calendario de las elecciones primarias.
En primer lugar, Iowa no es por mucho un microcosmos de los Estados Unidos. Más bien es un estado con características particulares. Su población es étnicamente blanca en más de un 90%; los grupos religiosos evangélicos cristianos tienen una presencia altamente mayoritaria en la población; su economía está en una fase de transición dejando de ser predominantemente agrícola para convertirse en una economía agroindustrial y asimilando nuevas tecnologías como la de la informática y la comunicación; y hasta está sintiendo la necesidad de buscar mano de obra importada.
Por otra parte, Iowa (sin intención peyorativa) puede ser calificado como el estado del 1% y desde el punto de vista electoral no “mueve la aguja” en aspectos importantes: con alrededor tres millones 130 mil habitantes representa un 1% de la población del país (322 millones); los 52 delegados a la convención nacional del partido Demócrata y 30 a la del Republicano, equivalen al 1% del total nacional; los un millón y medio de votos depositados como promedio en las elecciones presidenciales constituyen el 1% de los aproximadamente 130 millones de votos en el ámbito nacional; los 6 votos electorales que le corresponden a Iowa representan el 1% de los 538 votos del Colegio Electoral, de los cuales el candidato presidencial debe acumular al menos 270 (50% más uno) para ser electo.
Lo novedoso de los caucus del 1º de febrero no ha sido que el senador Ted Cruz quedase en primer lugar entre los aspirantes republicanos con un raquítico 27,6% de los votos; ni que Donald Trump con 24,6%, haya sido relegado a un segundo lugar, para que muchos auguren una vez más su eclipse electoral; o que el senador Marco Rubio lograse un tercer lugar al alcanzar 23,1% de la votación en lo que otros califican como su pase a favorito entre los candidatos del maltrecho “establishment” republicano; o que Ben Carson cayese estrepitosamente con solo el 9,3% de los votos en lo que parece el inicio de su “canto del cisne”; o que Paul Rand decidiese abandonar la campaña electoral al ver el exiguo 4,5% obtenido, para concentrarse en asegurar la reelección como senador por Kentucky, mientras Jeb Bush sigue con una perniciosa anemia de votos y ha sido sumado al montón de los otros seis aspirantes que aparecían en la boleta, con un colectivo 11,1% de los votos; ni que la nómina de aspirantes republicanos ya esté reducida a ocho (sin contar a James Gilmore, cuya presencia en la campaña es nula, aunque no ha formalizado su retiro como aspirante) con el abandono anunciado por el ex gobernador y ex predicador bautista, Mike Huckabee, cuyos pasos siguió horas después Rick Santorum, quien aprovechó la ocasión para apoyar la aspiración de Marco Rubio.
Lo novedoso de los caucus de Iowa es la confrontación dentro de cada partido entre dos tendencias claramente definidas: la del “establishment” y la del “anti-establishment”, algo que jamás ha ocurrido en más de 160 años de “bipartidismo”.
Dentro de los republicanos, la tendencia “anti-establishment” está representada en estos momentos por Donald Trump y por Ted Cruz, quienes conjuntamente sumaron el 51,9% de los votos y al menos quince de los 27 delegados de Iowa a la Convención Nacional Republicana que se asignan en los caucus del estado. Si le sumamos los 9,3% de votos y y los tres delegados logrados por Ben Carson, esta tendencia obtuvo el 62,1% de los votos y al menos 18 de los 27 delegados. La única figura de algún relieve del “establishment” republicano es Marco Rubio que consiguió el 23,1% de los votos y siete delegados. En términos generales estos números no difieren mucho de lo pronosticado, a pesar de que se presente como la primera gran derrota de Trump, pero ratifican el predomino de la facción “anti-establishment” en esa agrupación política. Debe destacarse que ninguno de los tres más votados logró superar el 30% de la preferencia entre los afiliados republicanos, únicos autorizados para participar en los caucus.
No es muy distinta la situación en el Partido Demócrata, aunque hay solo un aspirante en representación de cada tendencia. Hillary Clinton obtuvo una ligerísima ventaja con 49,8% y 23 delegados de los 44 en disputa, como representante del “establishment” demócrata, mientras el “anti-establishment” Bernard Sanders le pisa los talones con 49,6% de los votos y 21 delegados. De todos los aspirantes iniciales, solo quedaba en pie (aparte de los dos ya mencionados) el exgobernador de Maryland, Martin O´Malley, quien la misma noche de los caucus anunció el fin de su campaña. Por tanto, estas facciones demócratas aparentan tener una mayor cohesión interna.
Como resultado de esta nueva situación, ya que fue un acuerdo alcanzado en la noche del miércoles, el Partido Demócrata anunció que el jueves 4 se celebraría un debate entre Clinton y Sanders (el primero en que solo estarán ellos dos) en la Universidad de New Hampshire, en Durham, patrocinado por MSNBC. Este evento fue coordinado a última y se anunciaron otros tres; el siguiente será el 11 de febrero en Milwaukee, Wisconsin, con el patrocinio de PBS, otro el 6 de marzo en Michigan, más otros dos, uno en abril y otro en mayo, con localidades y demás detalles aún por determinar. Está claro que estas nuevas actividades se organizan con la intención de alcanzar una mayor aproximación entre las dos facciones, porque hasta el momento había sido un motivo de críticas internas y públicas por la decisión del Comité Nacional Demócrata de limitar el número de los debates.
Nos encontramos en el inicio de las primarias. Un primer efecto ha sido la reducción del grupo de aspirantes. En las próximas semanas deben salir de escena varios aspirantes republicanos; entre ellos pudieran estar Ben Carson, Carly Fiorina, Chris Christie y John Kasich y de suceder así el grupo se reduciría a cuatro; dos por cada tendencia.
La retirada de los candidatos menores republicanos permitiría al “establishment” agrupar y alistar fuerzas para el resto de la campaña electoral. La primera de todas las tareas del liderazgo oficial republicano sería definir el aspirante tras el cual cerrar filas, usando como principales armas el control partidista sobre su aparato electoral, la extensa red de vínculos políticos, financieros y mediáticos en todo el territorio nacional, la amplitud de acción que le brinda el control mayoritario sobre el Congreso Federal y los gobiernos y asambleas legislativas estaduales y locales, así como la mayor capacidad para organizar el trabajo de captación de votos sobre el terreno.
La mayor preocupación actual del Partido Republicano es lograr la unidad de acción de los distintos grupos. Una advertencia en ese sentido fue hecha el 3 de febrero por Paul Ryan, Presidente de la Cámara de Representantes (el cargo de mayor jerarquía ocupado hoy por un republicano y carta de reserva republicana como eventual candidato a la presidencia en estas elecciones) en un discurso de más de 1,500 palabras, calificado como “fascinante” por el Washington Post, divulgado por la Oficina de Comunicaciones de la Presidencia de la Cámara de Representantes que fue pronunciado ese día en un evento de una organización conservadora dominada por la tendencia “antiestablishment” Tea Party y titulado “Heritage Action Conservative Policy Summit”. Los periodistas de la AP, Alan Fram y Andrew Taylor resumieron en un excelente párrafo lo expresado por Ryan: “Hizo un llamado a los republicanos para unirse y cesar de pelear airadamente entre ellos, tratando de encaminar a su fraccionado partido en un año electoral desprovisto de las acaloradas confrontaciones entre conservadores y pragmáticos que han transformado partes del 2015 en una pesadilla para el GOP (Partido Republicano).
Algunas ideas expresados por Ryan señalaban, por ejemplo: El Partido Republicano debe unirse tras “una osada agenda pro-crecimiento … No podemos caer en la trampa de los progresistas de actuar como airados reaccionarios … a la izquierda nada le gustaría más que un movimiento conservador colocado como una escuadra de fusilamiento circular, de manera tal que los progresistas ganen por defecto”. Más adelante expresaba: “Necesitamos hablar sobre cuál es nuestra visión y cómo podemos hacerla realidad. Necesitamos elevar nuestro punto de atención … Necesitamos mostrar que nuestros principios y políticas son universales y cómo son aplicables a todos. Sabemos que la economía está débil … que el mundo está en llamas … que el futuro es incierto. Hay mucha frustración allá afuera. ¿Y está justificada? Claro que lo está … Hablemos a la gente de manera que nos una …”.
En las filas “anti-establishment” solo quedan dos aspirantes: Trump y Cruz. Ni uno ni otro tienen una red suficientemente desarrollada en todo el territorio nacional para el trabajo político, ni la capacidad de recaudación de fondos para financiar todas las actividades electorales. Sólo con el concurso del “establishment” republicano pueden resolver estas carencias. La línea de acción con que cuentan Trump o Cruz es canalizar con acciones y propuestas efectivas el resentimiento por la desigualdad de oportunidades económica y por la concentración de riquezas en una reducida minoría privilegiada; el descontento por la falta de medidas de los órganos de gobierno, del Congreso Federal y de los tribunales, para emprender acciones y llevar adelante propuestas que, por citar solo algunos, den solución al desempleo, al deterioro de la seguridad social, a la falta de atención a la salud, al encarecimiento de la enseñanza superior y el endeudamiento causado por los incesantes incrementos del costo de los estudios y de los temores de amplios sectores de la población acerca de sus condiciones de vida futuras, por la violencia armada imperante en la sociedad, por las amenazadas de acciones terroristas, por las manifestaciones de racismo y de intolerancia religiosa, por las desigualdades y discriminaciones sociales.
En las actuales condiciones políticas y sociales la tarea es ciclópea, difícil, por no decir imposible. Por eso Ryan señalaba: “ Cuando hay voces en el movimiento conservador demandando cosas que saben que no podemos lograr con un demócrata en la Casa Blanca, todo lo que hace es deprimir nuestra base y a la vez ayuda a los demócratas a mantenerse en la Casa Blanca … No podemos seguir haciendo eso”.
En realidad, este conjunto de problemas conforman y, a la vez, se derivan de una crisis sistémica de la sociedad de los Estados Unidos a las cuales el sistema político “bipartidista” no está en condiciones de dar solución. La primera víctima o baja de este conflicto está siendo el sistema político “bipartidista”, atrapado entre las demandas de las distintas capas sociales y la incapacidad de los sectores dominantes de entender las causas profundas del problema y diseñar las soluciones a las contradicciones. Los líderes políticos no tienen luz larga y los árboles no dejan que los medios de difusión vean el bosque.

Ramón Sánchez-Parodi Montoto es especialista en temas internacionales, en particular de Estados Unidos.
Fuente: Cubadebate

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