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Aquí el artículo de José Manuel Palli tomado de http://democraciaparticipativa.net

Acabo de estar en Cuba para asistir al Congreso “Abogacía 2015”, en el cual participaron cerca de 700 abogados, 150 de ellos extranjeros. Mi sexto viaje a Cuba desde que regresé a la isla por primera vez a comienzos de mayo del 2002 –la misma semana en que Osvaldo Payà llevó su Proyecto Varela a la Asamblea del Poder Popular.

Desde el primero de esos viajes, he establecido contacto y tenido interacción directa con mis colegas en Cuba. Y a raíz de ese contacto, he podido seguir el desarrollo del derecho en Cuba durante casi quince años, pues ya en el año 2001 habíamos creado en Miami, un grupo de colegas cubano-americanos, lo que se llamó el “US – Cuba Legal Forum”, que perseguía, justamente esa interacción, ese contacto directo entre abogados de aquí de allá, y un mayor y mejor conocimiento de los respectivos ordenamientos jurídicos.

He hecho grandes amistades durante ese proceso de casi quince años, especialmente en Cuba, donde tengo el placer y el privilegio de llamar amigos a varios colegas que están entre los mas capacitados que he conocido –y en casi cuarenta y cinco años de abogado he conocido muchos colegas del mas alto nivel en todo el mundo.

También he generado controversia y hasta perdido amigos entre mis colegas de mi patio Mayamero, convencidos muchos de ellos de que es un despropósito estudiar el derecho cubano, puesto que, desde su muy particular perspectiva, en Cuba ni hay Derecho ni hay abogados.

Además de la alta calidad de las ponencias presentadas por abogados cubanos (muy jóvenes en algunos casos) y del debate que generaron entre los participantes es esta ultima Conferencia “Abogacía 2015”, me impresionó la forma en que mis colegas en Cuba actúan hoy, sutil e inteligentemente, para propulsar y facilitar los cambios que se vienen gestando en la isla. Y es que esos cambios necesitan apoyarse y cimentarse en una evolución continua de las instituciones que conforman el ordenamiento jurídico cubano.

En mi juventud, me toco vivir de cerca –y solo desde la perspectiva de la mosca en la pared- la llamada Transición Española. Mi padre, Juan Manuel Pallì, fue uno de los fundadores de la OTI (Organización de Televisoras Iberoamericanas) y su primer Secretario General. Muchos de sus amigos en RTVE, impulsores, gestores y creadores junto con él de esa organización que hoy apenas recordamos una semana de cada año por su festival de la canción, estuvieron entre los artífices y protagonistas del tránsito entre las dos Españas, la de Franco y la de hoy.

Ese tránsito se hizo en España a espaldas de dos formidables juristas, Landelino Lavilla y Torcuato Fernández Miranda, y su éxito se sustentó en una concepción de continuidad jurídica plasmada por don Torcuato en su muy feliz frase: de la ley a la ley a través de la ley. Y se hizo, además, con un Rey cuya juventud poco menos que forzó el traslado de las riendas del poder a una generación de recambio, todos mas o menos de su misma edad.

Es por eso que siempre he visto el contacto directo con Cuba, con sus jóvenes, y especialmente con mis colegas abogados en la isla, como una parte esencial del camino que he querido recorrer. Sin garantías, claro está, de que el camino que tenemos por delante vaya a ser el mismo que han recorrido los españoles, pero con la esperanza de que se asemejen.

¿Pero donde encontrar, en Cuba o en “la otra Cuba”, a un don Torcuato Fernández Miranda, o a quienes sepan interpretar a cabalidad su puente jurídico, y estén dispuestos a ser sus ingenieros? Seguramente los habrá, aun en una atmosfera tan pesada como la que pesa sobre tantos cubanos, muchos de ellos convencidos de que, inevitablemente, una de las dos Cubas ha de helarles el corazón… La llave, en mi humilde opinión, está en derrotar esa actitud.

En Cuba se va superando, poco a poco y cada quien a su paso, la mentalidad y la actitud de Tribuna Anti-Imperialista que hasta hace poco enmarcaba su “Batalla de las Ideas”. Queda por delante un camino largo y sinuoso, balanceado entre la prudencia y el gradualismo por una parte, y por la otra la impaciencia y la frustración de un pueblo que, en muchísimos casos, no encuentra otra salida a esa frustración que la emigración (cuando le comenté a un amigo del interior de la isla a lo que venia me dijo que nos visualizaba, a los abogados allí reunidos, tomados de la mano y cantando “Que bueno es ser pobre”…).

Conversando con empresarios extranjeros también de visita en la isla es evidente que muchos de ellos no se sienten aun cómodos, que todavía los intimida la profusión de imágenes (de Fidel, del Ché) y de consignas. Las autoridades cubanas necesitan escuchar a estos empresarios para poder “ajustar” su modelo de forma tal que facilite la interacción con otros mercados.

Regresar a Miami después de una semana en Cuba es como regresar al pasado. Desde nuestras diversas Tribunas “Anti” (anti-comunista, anti-castrista, anti-chavista, ant-kirchnerista, etc., etc.) solo se enfatiza lo negativo, el mundo es un lugar estático condicionado por el maniqueísmo del si tu no piensas como yo es porque encarnas aquello frente a lo cual yo soy fervorosamente “Anti” (de regreso a Miami me encuentro con la pregunta de otro buen amigo preocupado por que yo pudiera preferir a la Cuba de los Castro por sobre su visión confusa y difusa de lo que debe ser un liberal).

Pero lo que mas debiera preocuparnos a todos en Miami es nuestra vocación por aferrarnos a la intrascendencia de esas Tribunas “Anti”, nuestra incapacidad a la hora de sobreponernos a la nube de intolerancia, polarización y pesimismo que nos envuelve como una peste, como una plaga medieval. Es esa atmósfera polarizada y paralizante la que nos aleja del modelo transicional español.

Miami merece y puede ser no ya la puerta de los negocios entre los EEUU y las Américas, sino el epicentro de la diversidad cultural e ideológica, del debate, el diálogo y el entendimiento entre todos los americanos (del norte, del centro y del sur del continente), y no simplemente lo que es hoy, una tribuna desde la que algunos agitan con sus mensajes “Anti”, generalmente adversando desde aquí a quienes controlan los destinos de sus países de origen.

Miami puede y debe aportar también al equipo de ingenieros que deberán construir el puente entre la Cuba de hoy y la del futuro, pero siempre siguiendo un plano que solo los once millones de cubanos en la isla pueden trazar. Para que Miami pueda aportar algo a ese equipo de ingenieros, primero es vital conocer e interpretar fehacientemente lo que quieren y sienten esos once millones de cubanos, siendo imprescindible acercarse a ellos, interactuar directamente con ellos. Y a mi juicio, sin un conocimiento igualmente directo del derecho que hoy rige a esos once millones de cubanos, es poco y nada lo que podrá aportar cualquier ingeniero “la otra Cuba”, de la de Miami.

Y para que Miami entienda esa necesidad de acercarnos, sin prejuicios, al pueblo de la isla y a su ordenamiento jurídico (el vigente, no el del pasado ni el del futuro) y se convierta en lo que debe ser es imprescindible ajustar nuestra actitud, nuestra mentalidad, sin apelar al recurso infantil de pensar que primero deben ajustar “los otros” su discurso, su actitud y su mentalidad. Somos nosotros quienes podemos y debemos alumbrar el camino del acercamiento y, eventualmente, de la reconciliación, entre cubanos, entre venezolanos y entre todos los demás pueblos que nutren a Miami.
Bajarnos de la Tribuna “Anti” y pasar a ser “Anti – Anti”.

La reciente votación en la ONU no hace sino demostrar (otra vez), a juzgar por las reacciones y opiniones que ha generado esa votación entre nosotros, lo absurdo de nuestra posición y lo lejos que estamos de tender puente alguno: la Tribuna “Anti” de Miami como caricatura de la realidad.

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