Dayamis Sotolongo. Miércoles, 2 abril, 2014 · 3 Comentarios
Directivos de los ministerios de Comercio Interior y de Industrias habían anunciado que en marzo se estabilizaría la comercialización de los productos de aseo. (foto: Vicente Brito)Quizás sea más probable que aparezcan algunos restos del Boeing 777-200 —el desaparecido avión malasio— que hallar desodorante en las Tiendas Recaudadoras de Divisa (TRD) de la provincia. No es el único artículo fantasma. Los productos de aseo —tanto los que se expenden en moneda nacional como en pesos convertibles— suelen tener ese mismo don de la invisibilidad.

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Como si bañarse o lavar fuese un lujo, como si “artículos de primera necesidad” no fuese más que un eufemismo, como si nos hubiésemos podido acostumbrar a la maldita intermitencia, como si el sustento de nuestro mercado fuese siempre la incertidumbre…

Es un asunto cíclico: si ahora hay crema dental no hay jabón, si hay jabón falta el desodorante y si hay desodorante escasea el detergente. Será por la crisis económica mundial, porque nuestras industrias no pueden producir todos los productos a la misma vez, porque los proveedores incumplen los contratos, porque se poncha la cadena fábrica-distribuidor-red comercial, porque la previsión no estaba planificada…

Para Domingo Chaviano, especialista del Grupo Empresarial de Comercio Sancti Spíritus, la escasez de los artículos de aseo en la red de comercio en moneda nacional se debe, fundamentalmente, a que falla una ley elemental del mercado: la oferta no satisface la demanda.

“Nosotros demandamos 12 millones de pastillas de jabón de tocador y 4 millones de pastillas de jabón de lavar, que son los dos productos que más demanda la población porque la crema dental ha sido estable, —asegura Domingo Chaviano—. Eso no se aprobó e hicimos una segunda demanda de 9 millones de pastillas de jabón de baño y 3 millones de unidades de lavar, pero tampoco se aprobó. Hasta ahora lo que se ha asegurado, porque mañana puede haber un cambio, son 6 136 086 pastillas de jabón de tocador (eso hace una per cápita de 13 jabones de tocador por habitantes en el año), 2 300 000 jabones de lavar, que también hay una asignación de 400 000 pastillas de jabón de lavar mexicanas que ya se han distribuido y se han vendido, y alrededor de 2 millones de tubos de crema dental que no ha tenido problemas”.

Mucho distan las cifras de las necesarias para que haya un jabón cuando usted lo quiera comprar. Lo saben todos; nadie lo resuelve. Comercio se limita a hacerle el pedido a la Empresa Universal Sancti Spíritus quien se encarga de pactar con la industria, pero los contratos, al parecer, más que un acuerdo bilateral deviene sumisión a los designios industriales.

“Cuando en el Ministerio o en la industria se habla de plan y se dice que tiene la materia prima asegurada para cumplir el plan de producción no es la demanda que hicimos nosotros es el plan que ellos tienen, no el que nosotros demandamos”, apunta Domingo Chaviano.

En el desabastecimiento —tan común en nuestras tiendas— también influye que el aseo llegue a cuentagotas a la Empresa Universal y, por ende, a la red comercial minorista; que el producto no se distribuya el mismo día en todas las unidades; que no exista un mercado mayorista para los trabajadores por cuenta propia; que la inestabilidad acarrea acaparamiento…

La distribución tampoco funciona como un reloj suizo. Aunque mensualmente deben distribuirse, en el comercio en moneda nacional, entre 500 000 y 520 000 unidades de jabón de tocador, 193 100 pastillas de lavar y alrededor de 177 000 tubos de pasta, no siempre llegan a las tiendas lo que reza en los papeles. Sirva un ejemplo: a inicios de marzo —según reveló Domingo Chaviano— todavía en la provincia no se había recibido el 20 por ciento de la cantidad asignada de jabón de tocador correspondiente a febrero y además faltaba por distribuir parte del aseo de ese mes que se hallaba en dominios de la Universal. Pero, la gente no se baña en los almacenes y las deudas que pesan en el mostrador duelen más en casa.

Bien lo sufrimos todos: la comercialización de los productos de aseo no es únicamente en pesos cubanos. Iguales entuertos padecen las tiendas recaudadoras de divisa sujetas a las mismas cadenas distribuidoras, a similares empresas productoras y condenadas al mismo síntoma del árbol de navidad —por la intermitencia—. Las diferencias, además de los precios, ciertas exclusividades: si no hay desodorante o champú en ellas, tampoco existe otro mercado para adquirirlos. Las diferencias, también, los tapabocas informativos que impiden a la prensa poder explicar las causas de las carencias de los artículos de aseo en TRD.

Cierto, Escambray recibió una respuesta un poco más rápida que lo que ha demorado en aparecer el desodorante, pero no escapó a ciertas trabas tan enrevesadas como deben ser los mecanismos para adquirir los productos. Primero, solicitarle la entrevista al gerente comercial de Cimex en el territorio y esperar que este a su vez le pidiera autorización a la gerencia nacional para poder hablar sobre el tema. Luego de una semana la información: “Hicimos la consulta a la gerencia y nos dijeron que no estábamos autorizados para dar datos al respecto, que debía comunicarse con las empresas productoras”, aclaró el directivo.

Al menos directivos del Ministerio de Comercio Interior y del Ministerio de Industrias habían anunciado en el periódico Granma que Suchel no cerraría, que en marzo habría desodorante, que las materias primas ya estaban en la fábrica…

Pero persisten los altibajos y lo único que han provocado es inseguridad. Así lo comparte Domingo Chaviano: “Nuestra provincia tiene una característica especial con relación al aseo, porque hay mucha desconfianza e inseguridad en el mercado, precisamente porque la demanda de la población no ha sido satisfecha desde el 2011 que el producto ha estado liberado y entonces eso crea en las personas desconfianza y por eso aunque bajen un camión de jabón, las personas quieren comprar 10, 12”.

Y mientras eso suceda nadie va a cambiar que el jabón de cinco pesos dure menos en los anaqueles que una llama al aire; que las colas se hagan interminables; que antes de salir a la venta tras el mostrador primero se despachen los desodorantes del primo, el vecino, los amigos; que año tras año se repita este cuento de nunca acabar; que estemos obligados a comprar desde hoy para bañarnos de aquí a cinco meses… pero lo dice el refrán: no puede haber mal que dure 100 años.

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