No hay quien dude de lo bien que son tratados por pueblo y autoridades los estadounidenses que visitan la Isla. Igual que José Martí, cualquier cubano, aunque no haya vivido en el monstruo sabe diferenciar el monstruo imperialista del noble pueblo americano y de también sus políticos honestos. Recordemos que cuando el ciclón Katrina, que casi acaba con New Orleans, igual que cuando el criminal atentado terrorista a las Torres Gemelas en New York, el gobierno cubano de inmediato se ofreció a ayudar a la nación norteamericana con personal de salud.

En los casos de Katrina y las Torres Gemelas, tal vez Washington manejó alguna justificación al no aceptar el ofrecimiento cubano, al considerar que en Miami pudiera desencadenarse una ola de infartos cardiacos y derrames cerebrales sin precedentes en la historia.

Lo que no tiene justificación humana alguna es el bloqueo o embargo que Washington hace a una pequeña nación, sobre todo en medicinas y tecnología que ayudarían a curar enfermedades y salvar vidas. Política muy criminal debido a que el 80 por ciento de las patentes del sector médico pertenecen a trasnacionales estadounidenses y a sus subsidiarias en el mundo, a las que las leyes del embargo prohíben que a Cuba exporten ni una de sus aspirinas.

En una crónica anterior citábamos el libro “Estado de sitio”, donde su autor, el escritor, periodista y profesor Salim Lamrani, cita casos condenables por abusivos y, a la vez, estúpidos, pero aplaudidos con delirio por la ultraderecha de Miami, el Tea Party, algunos red neck y cubanos de la calle cuyas neuronas han sido extraviadas por el bombardeo de los medios.

Este cronista critica ver en Cuba un policlínico con el baño sucio, pero hay que tener gandinga, como se dice allá, en esta caso una sucia gandinga para estar de acuerdo con que un niño, por ejemplo, no pueda beneficiarse del dispositivo Amplatzer, que permite evitar el rechazo orgánico durante las cirugías para el cierre percutáneo de la comunicación entre aurículas, lo cual evitaría una operación a corazón abierto.

Gracias a la política tan humanitaria que dice tener Washington, Cuba no tiene acceso tampoco, por ejemplo, al Temozolamide (Temodar), un citostático prescrito para tumores en el sistema nervioso central, medicamento que aumentaría significativamente la esperanza y la calidad de vida de los pacientes, anualmente cerca de 250, entre ellos unos 30 niños.

Los niños cubanos tampoco pueden disponer del agente anestésico general inhalador más avanzado, el Sevofluorane, pues la multinacional estadounidense Abbot tiene su monopolio.

Otro ejemplo que muestra Salim Lamrani es el de los servicios oftalmológicos, los cuales no pueden usar la terapia térmica transpupilar para tratar niños que padecen cáncer en la retina. También la humanitaria política de Washington impide que Cuba adquiera el microscopio quirúrgico y otros equipos médicos que la empresa Iris Medical Instrument produce para tratar eficazmente el tumor.
Placas de yodo radioactivo para el tratamiento de ese cáncer les están vedadas al Instituto de Oncología y Radiología de La Habana. Esta tecnología, sobre todo utilizada en los menores, permite preservar el ojo afectado y la estética del rostro. Sin ella, la alternativa es extirpar el ojo y, a veces, los dos.

El Tomógrafo de Coherencia Óptica que comercializa la empresa alemana Carl Zeiss, tampoco Cuba lo puede adquirir porque contiene componentes estadounidenses. Igual ocurre con medicamentos para quienes padecen cáncer de hueso.

En busca de que cubanos sufran y mueran por males que podrían ser curados (no hay otra explicación para tal criminal política), Washington obsesivamente multa a empresas que se atreven a vender a los hospitales de la Isla. En junio del 2004 fue multada con 168 mil 500 dólares la farmacéutica Chiron Corporation porque exportó vacunas para niños a través de una subsidiaria europea.

También, por esa misma Ley de Comercio con el Enemigo, a la empresa Plurolite, de Filadelfia, se le impuso una multa de 260 mil dólares por vender a Cuba resinas destinadas a purificar agua.

En marzo del 2011, Estados Unidos confiscó 4 millones 200 mil dólares que el Fondo Mundial de Lucha Contra el Sida y la Tuberculosis destinó a Cuba. También ese año congeló los fondos que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo había dedicado al sector de salud de la Isla.

Son estos algunos ejemplos. Son muchísimos más. Amnistía Internacional y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha denunciado tan criminal política que bien podría considerarse de lesa humanidad. Pero a Washington eso le importa un bledo. Las Naciones Unidas les importan otro bledo. Las grandes transnacionales, a las que obedece el Ejecutivo y el Congreso, se consideran los amos del mundo al estilo de los antiguos sátrapas.

La ultraderecha cubana de Miami y los vividores y tontos de capirote que repiten sus falacias, por supuesto, si leyeran descalificarían el libro “Estado de sitio”. Inventarán que su autor es comunista. Pero reproduciremos dos breves párrafos de un amplio documento emitido en el 2008 por Amnistía Internacional, organización a la que creo no señalaran también como comunista.

Dice uno de los párrafos: “El números de niños y niñas que sufren enfermedades cardíacas y aguardan tratamiento adecuado en un hospital pediátrico ha aumentado después de que Cuba no pudiera comprar a empresas radicadas en Estados Unidos el equipo médico necesario para su tratamiento. Las empresas, al parecer, se negaron a negociar con Cuba a causa de las restricciones impuestas por el embargo estadounidense.”

Otro de los párrafos revela, aunque con otras palabras, que Washington persigue que los amantes cubanos tengan que hacer el amor siempre a pellejo pelao. No quiere que usen preservativos. Amnistía Internacional con toda seriedad señala que “el Departamento del Tesoro se había negado a renovar una licencia a la organización de salud internacional de Servicios Públicos para que exportara a Cuba preservativos con el fin de distribuirlos a grupos de altos riesgos de infección por el VIH.”

Y lo siguiente no lo dice el autor francés Salim Lamrani, ni Amnistía Internacional ni este cronista, lo dice otra fuente, la American Association for World Health, la Asociación Americana para la Salud Mundial, la cual realizó un estudio respecto a Cuba y concluyó diciendo: “Se ha evitado una catástrofe humanitaria solo porque el gobierno cubano mantiene un sistema de salud que está considerado de modo uniforme como el modelo preeminente del Tercer Mundo.”

Les habló, para Radio Miami, Nicolás Pérez Delgado.

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