• El verdadero poder de la sanación reside en la perfecta conjunción de tres figuras: la del enfermo activo y consciente de las causas de su dolencia; la de un sanador que conoce las leyes naturales de la vida; y la definitiva actuación de las fuerzas curativas del Universo.

Bernardo Gil.- Cristo exhortó a sus discípulos diciéndoles: «Predicad el Evangelio y curad a los enfermos». Mantener la salud, recuperada o adquirida, requiere el conocimiento de las leyes de Dios, es decir, de las leyes de la Naturaleza y de la Vida. Igual conocimiento requieren las personas dedicadas a la curación y a la sanación.

Es un dicho corriente que «El ser humano tiene poca vida y muchas vicisitudes». Entre todas nuestras tribulaciones, ninguna nos afecta más profundamente que la de la pérdida de la sal ud. Podemos perder fortunas y aún amigos con relativa ecuanimidad, pero cuando nos falta la salud y nos amenaza la muerte entonces hasta los más fuertes desfallecen. De ahí que la profesión de los consejeros espirituales, psi coterapeutas, médicos y los raros taumaturgos, sean una esperanza para el mundo. Es preciso puntualizar que existe una gran diferencia entre curar y sanar, aunque la gran mayoría de las personas no hacen distinción entre ambas.

En el primer caso, una persona puede ser curada por otra mediante una infinidad de técnicas o sistemas, como puedan ser masajes, drogas, agujas o procedimientos energéticos. En todos ellos el paciente permanece en una actitud pasiva, como si fuera arcilla en manos del alfarero. Indudablemente que con tales tratamientos puede restablecerse al en-
fermo, pero generalmente este estado es temporal, porque no ha hecho consciencia de las causas reales de su enfermedad y no comprende que es la consecuencia de las leyes de la Naturaleza. En estos casos es muy factible que siga haciendo las mismas cosas que lo enfermaron y vuelva a recaer en sus dolencias. La curación consiste fundamentalmente en un proceso físico.

El segundo caso es distinto. Sanar es alg61 diferente, porque exige que el paciente coopere consciente, espiritual y físicamente con el sanador. Para ilustrar esto, nada más indicado que estudiar la vida y obras de Jesús, El Cristo. Cuando las gentes llegaban a Él para ser sanadas no esperaban que las sometiera a ningún tratamiento físico, porque sabían que sanarían por el poder de su Espíritu.

Esas gentes tenían Fe ilimitada en Él, lo que era absolutamente esencial, como puede verse en los incidentes registrados en San Mateo, Capítulo Décimo. Sin embargo, la fe sin obras es cosa muerta, y en todos los casos en que Jesús sanaba a alguien, esa persona tenía que pagar un precio, hacer algo: cooperar con el Oran Sanador antes de que su curación pudiera quedar cumplida. Él decía: «Alarga tu mano» y cuando la persona así lo hacía, entonces su mano quedaba curada. «Toma tu lecho y anda», decía a otro, y cuando éste así lo hacía desaparecía su enfermedad inhabilitante. Al ciego le mandaba: «Vete y báñate en el lago Siloam», o al leproso: «Vete al sacerdote y ofrece tus dones», etcétera. En todos los casos había una cooperación activa por parte del que debía ser sanado y el Sanador.

El Cristo representaba la vida, tal como él mismo lo expresó: «Yo soy el Camino, La Verdad y la Vida». Por ello, los enfermos no hubieran sanado si no hubieran obedecido lo que Él decía. La desobediencia a las Leyes de la Vida es lo que produce la enfermedad. La obediencia con Fe, sea que ella implique lavarse en el Jordán o estirar la mano, implica un cambio de actitud o de ánimo y la persona entonces está en situación de abrirse y recibir el bálsamo que puede venir por intermedio del Cristo o por una persona que actúe como sanador. En cualquier caso las fuerzas provienen del Cosmos, de Dios y no del Sanador. El sanador es un Canal solamente. Él es el Gran Médico.

Existen 3 grandes factores en toda curación: El Poder Espiritual (Cristo), el médico o terapeuta y la actitud del paciente. Solamente cuando estos tres factores están armonizados fluye el poder Sanador de lo Alto en tal forma que disipa todas las enfermedades corporales.

El Poder del Padre penetra todo el Universo y está siempre a nuestra disposición para curar todas las enfermedades, sean de la naturaleza que sean: físicas, emocionales o mentales.

El médico o Sanador es elfoco, el vehículo por cuyo intermedio se infunde el poder sanador en el cuerpo del paciente, siempre y cuando sea un instrumento adecuado, consagrado, armonioso y con una gran capacidad de amar. El amor es compasión por el dolor de nuestros hermanos en la especie humana. Quien tenga resentimiento, quien sienta en su corazón algo que le impide perdonar a otros, nunca podrá ser un verdadero Sanador. Puede que consiga resultados parciales usando técnicas de curación parcial pero nunca una verdadera Sanación.

Así, podemos sanar a una persona, a un grupo, a una civilización, a un país, a un continente o a un hemisferio planetario. La sanación es la gran misión que los maestros de compasión desempeñan para el mundo a través de los hombres y mujeres que, queriendo, puedan servir de canales vivientes .

Muerte y Poder Sanador

Tal como se dice en el artículo: «El Poder del Padre penetra todo el Universo y está siempre a nuestra disposición para curar todas las enfermedades». Esto es así, pero la disponibilidad de este poder no implica automáticamente la curación de todas las enfermedades tratadas.

Las enfermedad y el estado de buena salud forman parte del proceso de la vida, el cual también implica la muerte. Si bien la enfermedad puede sobrevenir en algunos casos como una consecuencia transitoria de no observar las leyes naturales del Universo, en otros casos puede ser el desencadenante de la fase destructiva de la expresión material del hombre y, como tal, irremediable. En estos casos, el poder curativo del Padre también actúa, pero no en la forma de curar la enfermedad, sino en la de hacer más pacífico y tranquilo el paso del enfermo por el proceso de transición llamado muerte.

Sobre el autor.- Bernardo Gil ocpa un alto cargo en una orden iniciática de la tradición esotérica occidental

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