J0sé de Jesús Morales, me presentó a este hombre repleto de todo el amor de Dios, ¿quién es él?. El Diario el Informador de Guadalajara lo entrevistó recientemente e hizo una adecuada caracterización que me sirve para apoyar los dos videos que le hicimos en su propia Iglesia del pueblo.

Polémico desde su forma de ejercer la religiosidad, José Álvarez Franco, mejor conocido como el  “Padre patillas”, es un personaje que ha trabajado activamente junto con las capas populares de Jalisco, ganando simpatías en algunos ámbitos, pero también detractores y enemigos en otros.

La gente que lo reconoce, ve en él la cualidad de los hombres “más dignos de la vida pública”; una cualidad que si bien no escapa a sus acciones, está por arriba de ellas: el carisma.

Álvarez Franco nació en 1935, en Los Altos de Jalisco, durante el levantamiento contrarrevolucionario conocido como “la segunda cristiada”; sin embargo, la manera en que comprende su vida religiosa dista de las convenciones ordinarias del sacerdote conservador.

– ¿Cómo se convirtió en el “Padre patillas”?

Mi familia es de Jalisco; yo nací en el Valle de Guadalupe, en el año de 1935, ya tengo mis 72 años.  Me metí de cura porque en Los Altos, si eras maestro había peligro, de médico violabas la ley del pueblo. Entonces, cuando cumplí 15 años ingresé al seminario. Me ordené en 1966, a los 27 o 30 años.

– ¿Cuándo conoció la izquierda?

Durante mis tempos en el seminario, había todo tipo de sacerdotes. Gané una beca para ir a estudiar al Seminario de Moctezuma, en los Estados Unidos. Era un colegio apoyado con recursos que provenían de alemanes, gringos y mexicanos. Eran los años sesentas. Creo que fue la mezcla de todo, pero siempre me incliné al pueblo.

– ¿Se quedó a trabajar en Estados Unidos?
No. En cuento me ordené, en el 66, porque claro que estoy ordenado, me vine a México, y aquí fue en donde inicié a trabajar. Mi primer destino fue Cuquío; en ese lugar duré cuatro años a cargo de una pequeña iglesia, fundé escuelas y fui secretario de Liturgia, pero vieron que tenía ideas que no compartían otros clérigos y me mandaron a Guadalajara, al barrio de San Andrés, con las juventudes perdidas; entonces fue que me hice vikingo*, y fundé la Pastoral Juvenil.

Eran jóvenes muy necesitados del evangelio. Estaban abandonados, y el sistema pecaminoso en que vivimos, en que unos pocos ricos mandan a los pobres los corrompía más, mi labor ahí fue de reencuentro.

Pero José Salazar López (entonces arzobispo de Guadalajara), se asustó por mi versión del humanismo. Dijo que yo traía ideas contracristianas, de la teología de la liberación y esas cuestiones.

– ¿Y no era cierto?

Sí, pero es algo que yo nunca he visto mal, y no lo entiendo. Se supone que los sacerdotes debemos estar cerca del pueblo y de sus necesidades. La misma iglesia tiene textos, documentos que se pueden adaptar a proyectos sociales. Cristo fue el primer socialista, el primer comunista. El evangelio tiene muchas cosas que se pueden rescatar y que van en ese sentido, pero la gente que detenta el poder del cristianismo, lo adecua a sus propios intereses.

– ¿Y sus intereses cuáles son?

Yo tuve siempre una tendencia hacia lo social; esa es mi característica. En mi primer trabajo pastoral vi a varios sacerdotes vivir junto con los ricos y despreciar a la mayoría.

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