Retrato de Martí tomado en México por Valleto y Cía, 1875¿Cabe mayor grandeza de alma? No, no hay vida más digna de admiración que la del patriota cubano José Martí.

La presente edición inicia la publicación de una serie de artículos de diversas
personalidades divulgados desde 1911 en la revista Bohemia, que fueron tomados
del sitio web www.bohemia.cu/josemarti/index.htm. En esta ocasión presentamos
dos escritos de igual título: “José Martí” por Enrique José Varona y “José Martí” por
Máximo Gómez. Trataremos de acompañarlos en cada número con una pequeña
esquela del autor.
La sección Martinianas ofrece una selección de pensamientos del Maestro autoevaluadores de su sentido de la vida. Las efemérides resumen los acontecimientos martianos más importantes ocurridos en los meses de febrero.
Mostramos además algo muy novedoso que nos hizo llegar Adolfo Carbonay,
un lector de nuestro Suplemento a quien le agradecemos sinceramente su colaboración.
Se trata del busto quizás más grande que se haya erigido en honor a la
figura del Maestro, ubicada en la localidad de Mantilla, La Habana, encima de una
semipagoda en lo alto de un edificio.
Respetando la ortografía del original se muestra la transcripción y la primera y
última páginas facsimilares de la carta que enviara el Apóstol el 2 de febrero de
1895 a María Mantilla.

Esperamos que este Suplemento cumpla las expectativas trazadas y contribuya
a divulgar la obra del ilustre pensador de la Revolución cubana. Solicitamos nos
permitan perfeccionar y enriquecer nuestra labor informativa con sus críticas y
sugerencias. Serán bien recibidas y publicadas.
Consejo Editorial

Consejo Editorial /
Eugenio Suárez Pérez
Jorge Luis Aneiros Alonso
Belkys Duménigo García
Ileana Guzmán Cruz
Rolando Dávila Rodríguez
Aida Soto-Navarro González
Edición y corrección /
Elisa B. Espineira Fernández
Diseño y realización /
Aida Soto-Navarro González
© Sobre la presente edición:
Oficina de Publicaciones
del Consejo de Estado, 2012
Calle 8, no. 210, e/ Línea y 11, Vedado,
La Habana, Cuba.
Telf.: (537) 832 9149 / 855 5258 / 836 8846
Correo: publice@enet.cu
Editorial / 3

por Enrique José Varona
Grande en la vida y en la muerte, heroico en
el aspirar y en el ejecutar, así fue Martí. Ayer se le
miraba como un conjunto de raras y contrapuestas
cualidades. Hoy, a nuestros ojos asombrados y
entristecidos, su vida nos parece hecha de un solo
bloque de indestructible granito. Martí fue un hombre
tipo. Uno, por la fijeza de su idea, uno, por la
firmeza de su carácter. Todo lo inmoló por esa idea,
que no era otra que la redención de un pueblo. El
artista exquisito olvidó su arte, el hombre apasionado
sus afectos. Martí se desposeyó de sí mismo por
completo y por completo se dio a Cuba. Demasiado
sabía lo que cuesta esa consagración. Mas nunca se
le vio vacilar. Aunque sus pies sangraran proseguía
su camino; aunque desgarraran sus oídos los silbidos
y los insultos, continuaba mirando hacia delante.
¿Qué obstáculo podía detenerlo? ¿Qué riesgo
amedrentarlo? Sabía él que la mirada de Cuba lo
seguía, y estaba dispuesto a merecer esa preferencia,
para enseñar a los otros a merecerla. Sabía más,
sabía que iba a la muerte, lo presintió, lo profetizó.
Pero, ¿qué le era la muerte, si lo que él quería era
dar vida a un pueblo? Para que resplandeciera en
lo más alto la pureza de su corazón, sería quizás
necesario que una bala enemiga lo traspasara. No
importaba. Él iría a desafiar la bala enemiga. Pero
entonces sus enemigos, que eran los enemigos de
Cuba, tendrían que callar avergonzados; y este silencio
sería el principio del triunfo de Cuba. Él no
lo presenciaría, no disfrutaría de sus beneficios.
Tampoco importaba si ya su obra estaba realizada,
y Cuba recogía el fruto glorioso y sangriento.
¿Cabe mayor grandeza de alma? No, no hay
vida más digna de admiración que la del patriota
cubano José Martí. Sus amigos íntimos lo reconocían,
cuando le daban el noble y cariñoso título de
maestro. Los cubanos todos lo reconocemos, cuando
lo veneramos con el nombre insigne de mártir.
Fue maestro que enseñó doctrinas de libertad, lecciones
de concordia, ejemplos de dignidad moral.
Y por su vida de abnegación y por su muerte heroica
ha merecido que se sintetice su carrera en la palabra
gloriosa, que pone un nimbo resplandeciente
en torno de unos cuantos grandes nombres, en la
que inmortaliza a los Prometeos, clavados en su
roca, y a los Cristos, clavados en su cruz, la palabra
SACRIFICIO.
Publicado en la revista Bohemia el 21 de mayo de

 

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