Por Arturo López Levy

Scarabeo 9, la plataforma petrolera semi-sumergible contratada por la empresa española Repsol completó su viaje de Singapur a Cuba. El equipo de perforación de Repsol explorará la zona económica exclusiva de Cuba, un área en el Golfo de México de cerca de 112.000 kilómetros cuadrados. Cuba ha contratado la exploración petrolera en la zona a varias empresas extranjeras como PDVSA de Venezuela, la malaya Petronas y PetroVietnam. El Ministerio cubano de la Industria Básica estima las reservas de petróleo en la zona entre 5 mil millones y 9 mil millones de barriles de petróleo. El analista de política internacional Fareed Zakaria dijo en su programa GPS de CNN que el potencial total de petróleo en Cuba estaría entre los 5 mil millones y 20 mil millones de barriles.

El inicio de la exploración de petróleo no debe descarrilar el programa de reformas de Raúl Castro. Como mínimo, el petróleo no va a salir de los pozos en alta mar inmediatamente, mientras que las reformas se necesitan de inmediato. El gobierno cubano tiene que crear empleos para el millón y medio de trabajadores que planifica transferir al sector no estatal en los próximos dos años como parte de las reformas proclamadas en abril pasado por el VI Congreso del Partido Comunista. El gobierno también debe aliviar situaciones críticas de pobreza en las cinco provincias orientales, donde algunos incidentes de protesta han ocurrido. Con o sin petróleo, la economía cubana necesita con urgencia que las empresas y los individuos se sientan seguros para invertir.

El desarrollo de una economía petrolera es también un desafío para la lucha contra la corrupción que el presidente Raúl Castro afirma apoyar. El riesgo de potenciales negocios clandestinos y tráfico de influencias, relacionado con el volumen de las ganancias del petróleo no podría ser contenido sin una mayor transparencia. Para mejorar la eficiencia administrativa, el gobierno cubano debe acelerar su apertura a las mejores prácticas mundiales de monitoreo, regulación y capacitación de sus gerentes de proyectos, contadores, economistas y reguladores. También se deben flexibilizar los controles sobre los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales de manera que puedan reportar e identificar a los funcionarios negligentes y corruptos.

El impacto en las relaciones de EE.UU. con Cuba:

En la década de 1990, varios estudios de escenarios cubanos (Por ejemplo el análisis “Cuba a la deriva en un mundo post-comunista” de Edward González y David Rondfelt de la Rand Corporation) advirtieron que un descubrimiento de petróleo en Cuba cambiaria las relaciones entre Cuba y EE.UU, incrementando las posibilidades de adaptación estratégica del régimen cubano. Teniendo en cuenta la expectativa de encontrar petróleo en aguas de Cuba, la simple llegada de Scarabeo 9 refuerza la posición de La Habana contra la política de Washington de aislamiento.

La exploración petrolera en las aguas del norte de Cuba tiene implicaciones para la seguridad nacional de EE.UU., y sus políticas energéticas y ambientales. Ante el peligro de un derrame de petróleo en el Golfo de México, el experto cubano-americano Jorge Piñón, asociado a la Universidad de Texas en Austin, recomienda que Washington otorgue una licencia general, “permitiendo a las compañías estadounidenses de servicios y equipos petroleros proporcionar bienes, servicios y personal a las empresas que operan en Cuba en el caso de una emergencia”.

Como mínimo, Piñón sugirió que CUPET, la petrolera cubana, sea incorporada a la Asociación Internacional de Contratistas de Perforación (IADC) “para facilitar la transferencia de experiencias de perforación en aguas profundas, y diseminar a través de conferencias, seminarios de capacitación y publicaciones técnicas las mejores prácticas, leyes y reglamentos para una perforación segura, eficiente y ambientalmente racional”.

La movilización de la industria petrolera y la comunidad ambientalista estadounidense en relación a la exploración de petróleo en aguas cubanas ya está en marcha. En diciembre de 2011, una delegación conjunta de la Asociación Internacional de Contratistas de Perforación y el Fondo de Defensa Ambiental visitó Cuba para explorar formas de cooperar, empezando por las respuestas coordinadas a posibles derrames. En el ultimo otoño, las senadoras Lisa Murkowski (R-AL) y Mary Landrieux (D-LA) patrocinaron un proyecto de ley para permitir a ” los ciudadanos y residentes de EE.UU” participar en cualquier operación necesaria “para la exploración y extracción de petróleo y gas en Cuba “, con independencia de “cualquier otra disposición o ley”. El proyecto de ley fue aprobado en el Comité Senatorial de Energía y Recursos Naturales con el apoyo de la Asociación de Proveedores de Equipos de Petróleo (PESA).

Incluso en el escenario de una victoria republicana en 2012, los precedentes históricos como el levantamiento del embargo contra Vietnam permiten predecir que el lobby pro-embargo no podría detener una comunidad norteamericana de negocios petroleros movilizada. La apertura del comercio agrícola con Cuba en 2000 mostró cómo el grupo de cabildeo agricultor derrotó al lobby pro-embargo en apenas dos años. En la última década, las ventas norteamericanas de alimentos a Cuba alcanzaron un promedio anual de $ 350 millones. Ese comercio alcanzó su máximo en 2008 a $ 700 millones. Si Scarabeo 9 descubre suficiente petróleo, las ganancias potenciales del comercio y la inversión estadounidense en Cuba superarán fácilmente los ingresos del comercio agrícola.

El camino a seguir:

Tarde o temprano, aparecerá un artículo de opinión a favor del embargo diciendo que la llegada de Scarabeo 9 es una campaña del gobierno cubano para atraer a la comunidad empresarial estadounidense, y que la única manera de avanzar es que los Estados Unidos castiguen a la empresas que se atrevieron a explorar yacimientos de petróleo en Cuba. No importa si esas compañías respetan las leyes internacionales y muestran buena voluntad hacia EE.UU, el lobby cubano americano de derecha en el sur de la Florida quiere castigos para todo el que no obedezca sus políticas de aislamiento.

Pero hay un camino mejor: la Administración Obama debe incluir a Cuba en toda la cooperación regional para una política hemisférica de energía y protección del medio ambiente. Para alcanzar este objetivo y proteger la Florida y la costa del Golfo, Estados Unidos y Cuba deberían iniciar negociaciones para entrenar a sus funcionarios en respuestas coordinadas contra cualquier derrame en el Estrecho de la Florida y proteger las instalaciones contra cualquier ataque terrorista potencial, de los enemigos de los Estados Unidos o grupos violentos de exiliados cubanos.

Ya que las empresas estadounidenses en el extranjero se rigen por la Ley contra Prácticas Corruptas en el exterior de 1977, una legislación más restrictiva que las vigentes en cualquiera de los países involucrados en la industria petrolera de Cuba, el presidente Obama puede argumentar que está en los intereses nacionales estadounidenses otorgar una licencia general a las empresas norteamericanas para contratar cualquier actividad relacionada con el petróleo en Cuba, comenzando por la protección del medio ambiente.

Un mercado mundial de petróleo seguro y estable es un interés fundamental de seguridad nacional de los Estados Unidos. Las predicciones serias de la comunidad de inteligencia están pronosticando la globalización de la demanda de energía y un aumento de la demanda mundial de petróleo de 20% o más durante las próximas dos décadas, principalmente en los mercados emergentes. Los riesgos de derrames de petróleo o interrupciones de la extracción, refinación o transporte del crudo están siempre presentes. Washington no debería posponer más un debate urgente sobre la conveniencia de una asociación energética con la industria petrolera cubana a sólo noventa millas de sus costas.

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