Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)
Hace pocos días, en un coliseo cerrado de la meridional ciudad de Cuenca, el Presidente Rafael Correa y unas 40.000 personas de todo el país, celebraron los primeros cinco años de la revolución ciudadana. Y, a más de los discursos de rigor, se escuchaba un grito: “reelección, reelección, reelección”.
¿Qué significaba este grito? Pues que la gente le pedía a Correa que, en las elecciones que deben darse en los primeros meses del próximo 2013, se presente como candidato presidencial, lo cual le daría la posibilidad de prolongarse en el poder hasta mayo del 2017. Y este grito les daba erisipela a los “pelucones” de toda laya, ya que, en la geografía nacional, quisieran que Correa desaparezca, ahora mismo. Ya no le aguantan porque “este mono desgraciado” (se les dice “monos” a todos los nacidos en Guayaquil) les ha quitado sus “derechos adquiridos” y otras prebendas.
En este escenario, no hay que olvidar que en el pequeño Ecuador (14 millones de seres humanos) Correa “se ha permitido” romper todos los records de permanencia en el poder ejecutivo. Por elecciones populares, Rafael Correa ha sido ya el Presidente que más tiempo (5 años) ha permanecido en el poder político, durante el siglo 20 y lo que va del 21. Y encima de eso, querer prolongarse hasta el 2017, es, para los pelucones, “el colmo de la audacia”. Y la tesis es que debe dar paso a la “alternabilidad democrática” entendida esta como una obligación que han tenido los mandatarios de turno (todos pelucones o que han querido serlo) por dar paso a otros, de su misma especie.
La historia ecuatoriana es muy clara al respecto: excepto Isidro Ayora, Correa ha sido el que más tiempo ha pasado por Carondelet (el palacio de gobierno) Pero, hay que hacer una distinción: Ayora (un médico) asumió un poder colectivo, en 1925, tras la revuelta juliana (de los jóvenes oficiales del ejército) y luego fue elegido para un período completo.
Excepto ese caso, la historia ecuatoriana ha sido “turbulenta”, de principio a fin. Pruebas al canto:
En 1966 fue elegido para un período de 4 años, el abogado Abdalá Bucaram Ortiz, alias El Loco. Y estuvo tan loco que a los 7 meses (febrero de 1967) fue defenestrado, con el aplauso popular. Fue designado como “presidente temporal” el también abogado Fabián Alarcón Rivera, quien presidía el Congreso Nacional. Fabián Alarcón entregó el mando a su sucesor, el también abogado Jamil Mahuad, y pasó directamente a la cárcel, acusado de haber contratado pipones (nóminas de gentes que ganaban sin trabajar) en el Congreso. Pasó tres meses en una cárcel especial que hay en Quito.
El democristiano Mahuad fue nombrado para un período completo (del 98 al 2002) pero hizo tantas estupideces que fue defenestrado en enero del 2000, luego de que le clavó al país la llamada “dolarización”. Terminó su período (en enero del 2003) su Vicepresidente y ex Rector de la U. Católica de Guayaquil, el abogado Gustavo Noboa Bejarano.
En enero del 2003 asumió el mando, para un período de 4 años, el coronel de ejército Lucio Gutiérrez Borbúa. Fue defenestrado en abril del 2005, por los llamados “forajidos” Terminó su período, el Vicepresidente y cardiólogo Alfredo Palacio. Quien a su vez le entregó la banda presidencial a Rafael Correa, en enero del 2007, para un período de 4 años. Pero Correa y su Alianza País lograron liquidar al antiguo Congreso Nacional; y en su reemplazo fue nombrada, por elecciones, una Asamblea Nacional Constituyente que se reunió en Montecristi – Manabí (la cuna de Eloy Alfaro) y que dictó la nueva carta política, que está vigente desde el 20 de octubre del 2008. De acuerdo a esa nueva carta fundamental, Correa pudo ser elegido para un nuevo período de 4 años, que va hasta el 2013. Si es reelegido puede gobernar hasta el 2017. Repito, todo un record, muy difícil de igualar. Y esto es lo que desespera a los pelucones de toda laya.
Da la casualidad (también inédita, en Ecuador) que probablemente Rafael Correa, candidato presidencial, arrase con ese nuevo período, así la oposición se una y se presente con un solo candidato, a las elecciones del próximo 2013, lo cual parece muy difícil por la disparidad de grupos y movimientos que se oponen a la “revolución ciudadana” Ya lo dijo –hace años- un viejo político liberal: “en política se pueden tostar granizos”. Y pequeños grupos (que hasta hoy aparecen de izquierda, tipo Movimiento Popular Democrático, la dirigencia indígena que se identifica con Pachakutec, etc.) es posible que prefieran candidato propio (lo cual no es un anhelo de lo que queda de la vieja guardia partidaria) especialmente porque mediante ese arbitrio pueden garantizarse algunos “asambleístas” propios, unas cuantas alcaldías, concejales, prefectos, etc.
En todo caso, la oposición a Alianza País, de aquí en adelante, se jugará cuantas caretas políticas se presenten. Algo así como los jugadores de póker, que están perdiendo pero que esperan que la próxima sea la carta salvadora, que no solamente les recupere sino que les proporcione ganancias, para seguir perdiendo. Solo hay que leer a Dostoyevski para saber cómo actúa ese tipo de jugadores.
En este escenario, se ensayará de todo. Ellos – que de creerles- se califican de “democráticos y libres” si hay que dar una golpe de estado, se lo dan. Tesis vieja en este Ecuador; y que fue ensayada en el llamado 30-S (el 30 de septiembre del 2010) pero que los sipianos y sus adláteres se empeñan en disfrazarla de una simple rebelión policial. Y dicen, los que saben de estas actividades, que hay gente que no descansa para dar el próximo golpe; y que este no falle. Para ello, cuentan con un ex militar, que anduvo en los “servicios de inteligencia” en los tiempos en que recibían sueldos extras del consulado de Estados Unidos; y oficiales de policía, que también. ¿Será?
La oposición ecuatoriana no ha cometido los errores de la venezolana y se propone participar en las elecciones del 2013, por si acaso ganen. La oposición de Ecuador no ha cometido los errores de la oposición venezolana, contra (Hugo) Chávez. En ese país, la escuálida oposición no solo que falló en el golpe del 2002 y en la huelga petrolera del 2003, sino que se abstuvo de participar en las elecciones que ratificaron a este líder popular, en las elecciones del 2004. La oposición de Ecuador ha estado siempre presente y, en los últimos tiempos, ha logrado fortalecerse de algún modo, en especial con grupos y movimientos que se han identificado con la izquierda ecuatoriana. Tales los casos del MPD (que se declaró heredero del marxismo-leninismo) y de Pachakutec, otrora el brazo político de izquierda de la CONAIE. Hoy, militan en la derecha (algunos, en la ultra derecha) gentes como el ex Alcalde de Cotacachi, Auki Tituaña, o Lourdes Tibán y algunos más.
La tesis es que pueden ganarle a Correa, si se unen, si se presentan en las elecciones del 2013, con un “candidato de unidad”. Lo dudo, pero tienen derecho al optimismo. Los viejos opositores conservadores y liberales andan del brazo de otros partidos (que fueron) y de grupos recientes. Quiero referirme, en especial, a la Izquierda Democrática (ID). Hay un legislador oposicionista (Andrés Páez) que está enterrando lo poco que queda de esta tienda política, que llegó inclusive al poder, con el también abogado, social demócrata, Rodrigo Borja Cevallos (1988-1992). La mayor parte de cuadros de este partido está con el Gobierno de Correa; y los que no, andan de brazo de su eterno enemigo, la derecha y la ultra derecha.
¿De qué violencia se le puede acusar a Rafael Correa? Muchos ecuatorianos y ecuatorianas no la hemos visto por lado alguno. Dicen que hay una actitud contraria a la “libre expresión” y que se está persiguiendo a periodistas y al diario guayaquileño El Universo, por un “editorial” escrito por el aficionado al periodismo de opinión, el señor Emilio Palacio. Lo que no dicen es que la sanción contra Palacio y tres directivos del mencionado diario (3 años de cárcel y 40 millones de dólares, entre todos) fue porque acusaron al Presidente Correa de haber ordenado disparar contra el pueblo y, sobre todo, contra un hospital policial lleno de pacientes, el famoso 30-S; y que tal sentencia fue dispuesta por el juez de primera instancia y ratificada, en segunda, por ministros jueces. Hay una apelación (casación) que debe resolverla la nueva Corte Nacional de Justicia (que se posesionó, el jueves 26 de enero/2012)
La pregunta que nos estamos haciendo los y las ecuatorianas es ¿qué seguridad pueden tener los sipianos de que la nueva Corte va a declarar nulo, todo lo actuado? Por algo ha de ser que los “perseguidos” celebraron como si fuera un triunfo, que los ex magistrados, que se fueron, no resolvieran el caso. Sostengo que en Ecuador no hay perseguidos políticos o ideológicos. Cierto es que algunos recorren las calles de Miami (como los hermanos Isaías y el señor Emilio Palacio) pero es porque así lo quieren. Los hermanos Isaías deben retornar al Ecuador a responder por lo que hicieron con su banco quebrado; y eso no les hace ninguna gracia.
A propósito de don Rodrigo Borja (uno de los intelectuales más distinguidos del país) reapareció, hace pocos días, en el candelero de la televisión comercial y en los medios sipianos impresos, con una tesis ciertamente “nueva” (por lo discutible) Dijo y sostuvo que, de lo que él conoce, toda revolución comienza por ser pacífica y que se vuelve violenta (de fuerza) cuando se trata de aplicarla, desde el Gobierno. Presumo que trató de descalificar a Rafael Correa y su Alianza País, ya que tanto su “revolución ciudadana” como su gobierno “han pecado” de exceso de democracia y tolerancia. Cierto es que la oposición ha tratado siempre de “conducirlo” (provocarlo) a la violencia o al “terrorismo de estado” pero, igual que en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador, la misma oposición se ha visto obligada a reconocer su pasividad y que está haciendo obra. Esto no lo dijo don Rodrigo.
El liberalismo, por ejemplo, demoró años en aplicarse en toda Europa y tuvo sus altos y sus bajos, hasta que las viejas monarquías pactaron con las modernas oligarquías. Y así permanecen en varios países europeos. Algo parecido sucedió con el ya viejo liberalismo en Ecuador. Asesinaron y arrastraron al viejo luchador (1912 – así se lo identificaba a Eloy Alfaro) pero los liberales que quedaron hicieron las pases con el viejo sistema; y de ahí nacieron los pelucones, aunque en honor a la verdad, algunas de las tesis liberales se quedaron en este país.

Para rematar este comentario, debo decir que las plutocracias locales y sus “amigos” de izquierda, de centro y de derecha, qué no han hecho para que el Gobierno de Correa sea perseguidor, matador, si es del caso. Hubiesen puesto el grito en el cielo si aquello se hubiera dado. Si por la simple “sospecha” de que algo les puede pasar, en el futuro mediato, hacen tanta alharaca; ¿qué dijeran si en verdad Correa pusiera un muerto, un herido o algo que se le parezca?

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