En Cuba existe un gran debate público, aún cuando no se refleje en los medios de  comunicación (La Tarde se Mueve entrevista a Rafael Hernández)
Eso no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido, y con lo que era el status quo
existente en los países del norte de África, en los países árabes; eso no tiene nada que  ver, ni con lo que ha ocurrido en Egipto, en Marruecos, en Libia…

No tiene nada que ver porque ni la cultura, ni el régimen político, ni el proceso histórico que condujo a eso tienen nada que ver. Se habla, algunos analistas hacen comparaciones traídas por los  pelos, que le adjudican a los celulares, a Facebook y a Twitter la posibilidad de la subversión, ser el instrumento de la subversión; eso es absolutamente ridículo, eso es como creer que hubo revoluciones políticas producidas por el teléfono y el telégrafo; eso
es conferirles a los aparatos, a la tecnología, un poder de fuerza de expresión, de motivo y de causa en el desencadenamiento de un proceso de transformación social y política. Esos procesos tuvieron lugar en los países árabes, donde unos regímenes muy autoritarios y que cada vez menos reflejan los intereses de la población se desmoronan.
En Cuba, en estos veinte años, de dificultades económicas, serias, de malestar e incluso
de crisis de valores, en todos estos años no ha habido realmente signos significativos de
inestabilidad política. Y no porque la política cubana sea más efectiva que ninguna otra;
de hecho la política cubana no utiliza la violencia, los medios de represión que son tan
comunes en casi todas partes, incluyendo los Estados Unidos, para reprimir las
manifestaciones; y lo otro sería pensar que el pueblo cubano, en una situación de
decisión de que eso fuera el mejor camino, no tendría el valor de hacerlo porque le tiene
miedo a la policía. Eso es ridículo; de hecho, lo que ocurre es que el consenso político
que se rearticula en este contexto de los años 90 y de los años 2000, es un consenso
político que demanda un sistema más descentralizado, un sistema que involucre un espacio
mayor para el sector no estatal; una reducción del aparato burocrático y una serie de
medidas que devuelvan a la población el estándar de vida que logró tener en los años 80 y
que fue fruto del socialismo. Un modelo socialista que en el tiempo dejó de tener
capacidad para seguir manteniendo ese alto nivel; no solamente, repito, por la caída de
la Unión Soviética. Lo que ocurre, por consiguiente, ahora, es que ese cambio de consenso
también es un consenso donde hay una coincidencia en torno a no producir situaciones de
perturbación del orden, de violencia pública, de alteración, de uso de medios de fuerza
para resolver este problema. Muy pocas personas en Cuba realmente piensan, incluso
personas que están en la oposición al gobierno, realmente piensan que la mejor manera de
resolver esto, esta situación en la que nosotros hemos estado es la de recurrir a la
violencia, la de recurrir a la insurgencia, la de recurrir a la perturbación del orden, y
eso es muy evidente para cualquiera que visite Cuba, y es más evidente obviamente para el
que vive dentro de Cuba.

Prof. RAFAEL HERNÁNDEZ: En Cuba existe un gran debate público, aún cuando no se refleje
en los medios de comunicación
PROGRAMA: “La Tarde se Mueve”. 14.50 AM. Miami (FL. EEUU)
FECHA: Martes 20 de diciembre, 2011 (5:00-6:00 pm)
PERIODISTA: Edmundo García
ENTREVISTADO: Prof. Rafael Hernández
RESUMEN BIOGRÁFICO: Rafael Hernández es científico social. Director de la revista TEMAS,
una publicación cubana trimestral dedicada a la teoría y el análisis de los problemas de
la cultura, la ideología y la sociedad. Hernández ha sido Profesor Adjunto en la Escuela
de Asuntos Públicos e Internacionales de la Universidad de Columbia; recientemente ha
cumplido compromisos académicos como Profesor Visitante de la Universidad de Harvard. Ha
publicado varios libros y ensayos en los temas de emigración, seguridad internacional y
cultura cubana. Es un profundo conocedor de las relaciones Cuba-EEUU en el plano
académico.
-EDMUNGO GARCÍA: Amigos muy buenas tardes, bienvenidos a “La Tarde se Mueve”. Tal como
anuncié ayer, en la tarde de hoy contaré con la presencia de un científico social: el Dr.
Rafael Hernández, que hoy nos acompaña después de estar concluyendo un ciclo de trabajo,
en esta ocasión para la Universidad de Harvard. Dr. Rafael Hernández, yo lo entrevisté
hace cuatro años y cuatro meses en Montreal, a raíz de un Congreso de LASA (Latin
American Studies Association), por eso me gustaría comenzar por donde dejamos aquella
conversación. Yo la recuerdo porque la releí, no sé si Usted la recuerda. Buenas y tardes
y muchas gracias a Rafael Hernández por estar nuevamente en “La Tarde se Mueve”.
-RAFAEL HERNÁNDEZ: Buenas tardes y muchas gracias a ti Edmundo; y gracias a los
radioescuchas por estar atentos a esta conversación.
-EG: Vamos a retomarlo donde lo dejamos, lo que le digo en concreto es que hace cuatro
años y cuatro meses hablábamos de “reajuste”, hoy se habla de proceso de “actualización”
del modelo socialista cubano. Las relaciones de Cuba con América Latina fueron también un
tema en aquella entrevista, hoy eso se transforma en la creación de la CELAC (Comunidad
de Estados de Latinoamérica y el Caribe) y hablamos en aquella época también del estilo
de dirección del hoy Presidente Raúl Castro; en aquel momento todavía no era Presidente
como lo es hoy. Y de las relaciones raciales en Cuba; tema que será parte de la
Conferencia del Partido en el próximo enero del 2012. No quiero que me vaya a las
particularidades, ya iremos a ellas; hábleme en general, le he hecho un disparo de varias
cosas y quiero que de modo general usted me diga cómo ve esos diferentes hechos en el día
de hoy.
-RH: Bueno, es evidente cuatro años después que la tendencia se manifiesta ya en las
relaciones exteriores de Cuba, en general, y en particular con la región de América
Latina y el Caribe, se ha consolidado y se ha profundizado. Hoy Cuba tiene relaciones con
absolutamente todos los países de América Latina y el Caribe, incluyendo El Salvador y
Costa Rica que fueron los últimos; tiene relaciones naturalmente… nunca se han
interrumpido, con Canadá. Las únicas relaciones en el hemisferio que siguen rotas son con
los EEUU. Entonces, esas relaciones hoy están hechas de un ingrediente fundamental que no
es necesariamente una identidad ideológica, porque América Latina es una multiplicidad,
es una pluralidad de contenidos políticos, de procesos políticos, está hecha de una
voluntad de cooperación, de una voluntad de integración, de un interés común compartido y
Cuba forma parte de ese espectro Latinoamericano contemporáneo. Si nosotros miráramos
atrás, no a los cuatro años cuando la entrevista que tú gentilmente me hiciste en Canadá,
si no a hace cincuenta años, cuarenta y cinco años, a hace cuarenta años, en que Cuba
estaba completamente aislada en el hemisferio, en que Cuba era vista por muchos gobiernos
de América Latina como una amenaza, hoy la situación es radicalmente diferente, en el
país donde hubo guerrilleros cubanos combatiendo, en Venezuela y en Bolivia hoy existen
gobiernos con los cuales Cuba tiene las relaciones más estrechas que han existido nunca;
de hecho existen otros procesos que no tienen ese contenido tan radical con los cuales
Cuba tiene también puntos de comunicación y colaboración mucho más profundos que los que
han existido nunca, como es el caso de Brasil, como es el caso de las relaciones con
países como Argentina y por supuesto Ecuador. Pero en general estamos viviendo un
contexto Latinoamericano que está mucho más cerca de Cuba; y no es solo que la política
cubana se ha movido, sino que la política de América Latina y el Caribe se ha movido en
relación con Cuba. Latinoamérica y el Caribe están más cerca de Cuba hoy, incluso en
otros procesos que no son tan cercanos al cubano, que no comparten tantos problemas como
los que tienen en común la agenda de Cuba y la agenda de la mayoría de los países del
Caribe; incluso los más alejados tienen muchas cosas en común, están más cerca de Cuba
que nunca antes. Sobre los otros temas que tú mencionabas, creo que el problema de las
relaciones interraciales en Cuba ha avanzado en la medida en que se ha convertido cada
vez más en un tema de debate público, ya hoy se habla no en círculos restringidos,
incluso en marcos institucionales exclusivamente, sino se trata el tema de una manera muy
amplia y como tú dices este debate tiene que ver también con una política del Partido
dirigida complementar, a suplir a facilitar, a hacer que se tome conciencia mayor,
públicamente, en los libros de historia, en la televisión, en los medios de comunicación
acerca del gran saldo de contribución de los afrodescendiente en Cuba a la construcción
de la nación y de la cultura cubana. Yo creo que se ha avanzado mucho en esa dirección,
yo creo que lo que se ha logrado ha sido no el resultado de una decisión política, yo
creo que viene de abajo, yo creo que la sociedad civil cubana se ha manifestado a través
de los medios culturales, a través de los medios intelectuales; ha crecido el espacio
ganado al debate público. El próximo número de la revista “Temas” estará dedicado a la
comunicación y esfera pública en Cuba; ya podemos hablar de una esfera pública expandida
en sentido de un espacio de convergencia de diversos cursos, de posiciones, de criterios,
y de hecho yo diría que la política cubana, la política del gobierno y el partido, están
hoy más cerca que nunca de ese debate.
-EG: Prof. Rafael Hernández, en noviembre pasado, este año, en noviembre, usted hizo una
presentación en Diálogo Interamericano junto a otros especialistas sobre el tema cubano
como Julia Sweig, Directora del Latin American Studies del Council for Foreing Policy; en
ese encuentro definieron el actual proceso político cubano como “update” del socialismo;
es decir, “actualización” del socialismo y dejaron claro que Cuba no iba por el llamado
camino de las primaveras árabes… Quiero que le explique Ud. a los oyentes y a los
lectores de esta entrevista, que será transcrita también, en sus propias tesis, por qué
Cuba no fue ayer por el camino de la URSS y de los países de la Europa del Este, cuando
renunciaron y se desintegró la URSS, y por qué no es hoy como Egipto, como Libia o como
Túnez que, por cierto, acaba de cumplir el pasado fin de semana el primer aniversario de
su “primavera democrática”. ¿Por qué Cuba no, y cómo va el “update” del socialismo?
-RH: Bueno yo creo que el proceso de cambio que tuvo lugar en los países de Europa y en
la Unión Soviética tuvo una naturaleza diferente al que tuvo lugar en Cuba en los últimos
veinte años y que hoy se encarrila a través de políticas y a través de una legislación
que está contribuyendo a proyectar un nuevo modelo socialista. En el caso de la Unión
Soviética, la Perestroika, la Glanost, empezaron por ser políticas de reforma pero muy
claramente se advirtieron corrientes profundamente antisocialistas, y también la
expresión de males profundos instalados desde la época del stalinismo. La Unión
Soviética, a pesar del periodo de renovación de Kruschov en los años 50 y 60, a pesar de
los intentos de modernización del modelo económico, de los éxitos indudables que tuvo la
Unión Soviética en la conquista del cosmos, de su enorme poderío militar, la Unión
Soviética nunca pudo rebasar como sistema político los males que arrastraba de la época
de Stalin. Esas huellas quedaron ahí, el Partido y el liderazgo soviético fueron
perdiendo cada vez más contacto con sus bases, muchos ciudadanos soviéticos
auténticamente socialistas, sin embargo no sentían que tenían sus ideas y sus
sentimientos reflejados en las políticas, y en la compleja situación de los países de la
Europa del Este pues obviamente el socialismo nunca echó raíces profundas, nunca tuvo
raíces profundas; y eso fue sobre todo resultado de una situación de facto en la que el
Ejército Rojo ocupó estas ciudades después de la Segunda Guerra Mundial y el Pacto de
Yalta, etc. Lo que se conoce al respecto. En el caso de Cuba, como todo el mundo sabe,
los orígenes del proceso socialista cubano están en la propia situación histórica cubana
de fines de la década de los años 50, es el resultado acumulado de una lucha por la
libertad y por la independencia que viene desde el Siglo XIX. No se puede entender la
revolución socialista sin entender que es la desembocadura de un proceso histórico
anterior. Y digo la desembocadura no porque sea el punto de llegada; porque nunca es “la”
llegada final, siempre hay un puente hacia delante; y eso es lo que está pasando ahora.
Lo que está pasando ahora es que en los últimos veinte años, no solo como resultado del
fin del bloque socialista, no solo como resultado de la desconexión de Cuba del sistema
internacional a través del conducto que la ligaba a la Unión Soviética y a los países de
Europa del Este, si no como resultado de las insuficiencias del propio modelo socialista
que se agotó a partir de haber sido adoptado en el año 1976, se agotó, tenía ya síntomas
de agotamiento a mediados de los años 80, y en los años 90 entró “junto con”, “catalizado
por” la caída del campo socialista, entró en un claro proceso de crisis; eso que llamamos
en Cuba el “período especial”. El “período especial” no es solamente una crisis
económica, es una crisis de la manera de pensar el socialismo, es una crisis de valores,
es una crisis moral, es una crisis que involucra a la sociedad; de manera que esta
transformación no empezó hace seis años cuando Raúl Castro tomó posesión; ni hace unos
meses cuando el Congreso del Partido adoptó las medidas económicas y sociales, aprobadas
en el Congreso. Empezó mucho antes la transformación de la sociedad cubana, la
manifestación de problemas que estaban ahí, de espacios en donde la opinión pública se
desplegó, un espacio mayor de debate junto con una crisis, junto con la caída del nivel
de vida, se produjo al mismo tiempo una expansión de los espacios de libertad de
expresión dentro de Cuba; eso es un hecho patente, cualquiera que haya visitado Cuba hace
veinticinco años, y la visita veinte años después, o ahora, se podrá encontrar que este
debate público se ha expandido mucho aún cuando no se refleje en los medios de
comunicación. Eso no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido, y con lo que era el
status quo existente en los países del norte de África, en los países árabes; eso no
tiene nada que ver, ni con lo que ha ocurrido en Egipto, en Marruecos, en Libia… No tiene
nada que ver porque ni la cultura, ni el régimen político, ni el proceso histórico que
condujo a eso tienen nada que ver. Se habla, algunos analistas hacen comparaciones
traídas por los pelos, que le adjudican a los celulares, a Facebook y a Twitter la
posibilidad de la subversión, ser el instrumento de la subversión; eso es absolutamente
ridículo, eso es como creer que hubo revoluciones políticas producidas por el teléfono y
el telégrafo; eso es conferirles a los aparatos, a la tecnología, un poder de fuerza de
expresión, de motivo y de causa en el desencadenamiento de un proceso de transformación
social y política. Esos procesos tuvieron lugar en los países árabes, donde unos
regímenes muy autoritarios y que cada vez menos reflejan los intereses de la población se
desmoronan. En Cuba, en estos veinte años, de dificultades económicas, serias, de
malestar e incluso de crisis de valores, en todos estos años no ha habido realmente
signos significativos de inestabilidad política. Y no porque la política cubana sea más
efectiva que ninguna otra; de hecho la política cubana no utiliza la violencia, los
medios de represión que son tan comunes en casi todas partes, incluyendo los Estados
Unidos, para reprimir las manifestaciones; y lo otro sería pensar que el pueblo cubano,
en una situación de decisión de que eso fuera el mejor camino, no tendría el valor de
hacerlo porque le tiene miedo a la policía. Eso es ridículo; de hecho, lo que ocurre es
que el consenso político que se rearticula en este contexto de los años 90 y de los años
2000, es un consenso político que demanda un sistema más descentralizado, un sistema que
involucre un espacio mayor para el sector no estatal; una reducción del aparato
burocrático y una serie de medidas que devuelvan a la población el estándar de vida que
logró tener en los años 80 y que fue fruto del socialismo. Un modelo socialista que en el
tiempo dejó de tener capacidad para seguir manteniendo ese alto nivel; no solamente,
repito, por la caída de la Unión Soviética. Lo que ocurre, por consiguiente, ahora, es
que ese cambio de consenso también es un consenso donde hay una coincidencia en torno a
no producir situaciones de perturbación del orden, de violencia pública, de alteración,
de uso de medios de fuerza para resolver este problema. Muy pocas personas en Cuba
realmente piensan, incluso personas que están en la oposición al gobierno, realmente
piensan que la mejor manera de resolver esto, esta situación en la que nosotros hemos
estado es la de recurrir a la violencia, la de recurrir a la insurgencia, la de recurrir
a la perturbación del orden, y eso es muy evidente para cualquiera que visite Cuba, y es
más evidente obviamente para el que vive dentro de Cuba. Las soluciones tienen que ser
soluciones graduales, que no se demoren, en donde no se pare de avanzar, donde no se pare
de transformar, de crear un espacio en donde los ciudadanos puedan tener un trabajo
digno, ganar lo suficiente para obtener los productos en el mercado, y por supuesto tener
un espacio, tener un discurso crítico. El gobierno cubano ha llamado a la discrepancia,
ha llamado a la expresión de criterios, ha llamado a la discusión crítica de las
políticas. Hay muy pocos gobiernos, yo no conozco a ninguno, que antes de lanzar una
política de ajuste, antes de lanzar una política de transformación del modelo económico,
someta ese documento a la discusión de millones de sus ciudadanos, y eso ha ocurrido; o
sea, el debate público en Cuba constituye una forma de apropiación por parte de la
ciudadanía de los cambios políticos, porque la expresión de los criterios de las
personas, de los simples ciudadanos, ha sido un paso fundamental, tan fundamental como
las medidas que se han aprobado, como las medidas que faltan por aprobar, como las
políticas que se han adoptado y las que no se han adoptado y se deben adoptar, tan
importante como eso, son los debates que ha habido en torno a esas políticas; y yo creo
que ese es un debate fundamentalmente democrático, y por consiguiente el espacio para que
surja la primavera árabe, o el derrumbe, el caos, la implosión del socialismo está fuera
del horizonte actual.
-EG: Siguiendo con el proceso de reformas en Cuba, quisiera pedirle que nos aclare sobre
una especie de prólogo que hace la mayoría de los especialistas cuando van a referirse a
los cambios en la isla; casi todo el mundo señala que las reformas tiene enemigos, que
hay personas revolucionarias que están en contra de las reformas en Cuba; ahora bien, ¿se
puede identificar alguno de estos adversarios más allá del término general de “la
burocracia”?; siempre se dice “la burocracia”, pero, ¿existe algún documento, existe
algún libro o algún discurso de alguien, hablo de nombres, que permita decir “miren, aquí
está, este es un documento de la contrarreforma en Cuba, esto es lo que están diciendo
algunos dirigentes que se oponen a la reforma”, existe eso, usted conoce algo así?
-RH: Bueno, yo creo que no. Yo creo que las expresiones de resistencia al cambio son
expresiones que yo, por andar rápido, llamaría oposiciones que no son negativas, que son
constructivas; y otras que son francamente negativas. Yo entre las constructivas
indicaría aquellos grupos que obviamente no van a recibir un beneficio instantáneo y
directo porque no participan de los espacios y de las nuevas oportunidades que se abren
con el trabajo por cuenta propia, y con la ampliación del sector no estatal; entre otros
las personas que tienen una edad que ya no les permite poder incorporarse a la fuerza
laboral o iniciar un nuevo proyecto de vida, aquellas personas que están definidas como
bajo el nivel de pobreza, lo cual ha crecido en el período de la crisis, algunos
sociólogos estiman esto en alrededor de un 20% de la población, estas personas no
necesariamente disponen de los recursos para poder aprovechar los cambios que están
teniendo lugar, con lo cual, existe la necesidad de una política social que aproveche el
crecimiento de la economía para dirigirse a apoyar esta posición desventajosa de estas
personas que se enfrentan a la reformas, a los cambios, con una determinada
incertidumbre, con una considerable incertidumbre, porque no representan para ellos una
clara oportunidad de recuperación de su estándar de vida; esas personas no necesariamente
se colocan frente a la reforma con expectativa, con las ganas y con el entusiasmo de
otras, que sí tienen estas condiciones. Hay también una resistencia negativa que ha sido
identificada por la dirección del gobierno explícitamente que es la burocracia. La
burocracia no se opone a través de discursos, la burocracia no se opone tampoco a través
de un documento; se opone en la lentitud con la que se implementan las medidas ya
adoptadas, ya aprobadas; en lo que Raúl Castro describe como una vieja mentalidad de los
cambios, como rémora, como la ineptitud de un estilo de trabajo anticuado, y que se
manifiesta, por ejemplo, en unos medios de comunicación que son un insulto al nivel
educacional incluso de los militantes del Partido. Esta crítica a esta inercia con la
cual el aparato burocrático se demora en adoptar unas nuevas reglas, en adoptar unos
nuevos patrones, en operar de acuerdo con los nuevos criterios y los nuevos enfoques, es
posiblemente lo más difícil de cambiar, de transformar, y desde mi punto de vista hará
que la Conferencia del Partido tenga este como uno de sus puntos centrales. De manera que
a tu pregunta de si hay un, como le llaman aquí en Estados Unidos, un “revólver que echa
humo”, un “smoking gun”, un lugar donde uno vaya y lea que fulano de tal, con nombre y
apellido, que vive en tal lugar, se opone ferozmente a los cambios, yo creo que ese no es
el principal… aunque sí, puede haber personas que se manifiesten públicamente en contra
de los cambios, y de hecho, en algunas publicaciones uno lo puede ver, y en Internet,
como algunas personas recelan de si estos cambios, por ejemplo, no van a dar lugar a la
emergencia de una pequeña burguesía, y de cierta forma de expresiones de capitalismo. Esa
vieja mentalidad, que observa en cada tramo del mercado, y en cada segmento de la pequeña
propiedad privada la emergencia del capitalismo, es muy lógico que exista porque ha
habido durante mucho tiempo una manera de enfrentar los cambios que estigmatiza esta
emergencia de nuevos actores y de nuevos espacios para el mercado y que toma como
definición absoluta de socialismo el socialismo estado céntrico, que ha imperado en Cuba
durante todos estos años. O sea que es lógico que existan esas expresiones de mentalidad
que digan, bueno, estos son males necesarios; pero está claro, y este es uno de los
aspectos más importantes del momento actual, que en el último año la posición del
gobierno cubano ha sido no solo la de legalizar sino la de legitimar la presencia de
estos nuevos sectores en la economía en la sociedad cubana como parte de la familia
socialista; estos, los trabajadores por cuenta propia, los cooperativistas, la gente que
funciona en el terreno de la pequeña empresa, no son emisarios del capitalismo, son parte
de la familia socialista, son parte de la familia revolucionaria, y así ha sido reiterado
por la máxima dirección del gobierno.
-EG: Vamos al tema del Congreso y de la Conferencia del Partido; casi se ha consolidado
como otro lugar común, y quisiera saber su opinión. Hay analistas, los llamados
cubanólogos u observadores de la realidad cubana, que aceptan como un hecho que los
Lineamientos al pasado Congreso del Partido, son el documento rector de las
transformaciones, de la actualización del socialismo, y que están en él las propuestas
suficientes como para actualizar el modelo de socialismo. Sin embargo, esos mismos tienen
una posición de alguna manera más crítica con el documento de la Conferencia Nacional del
Partido; algunos dicen que las propuestas no son semejantes. Mis preguntas específicas
serían, ¿percibe usted distancia entre ambos documentos, entre el del Congreso y el de la
Conferencia del Partido?, y unido, le voy a tirar tres en una, ¿cree usted que el Partido
avance en su propio proceso de democratización?, y finalmente, ¿qué espera usted de la
Conferencia del Partido que se celebrará en enero? Ahí tiene, tres en una.
-RH: Yo creo que los contenidos de los Lineamientos económicos y sociales, tal y como
fueron adoptados en el Congresos, tienen naturalmente carencias, tienen espacios vacíos,
y esos espacios vacíos fueron suscitados durante los debates que varios millones de
personas sostuvieron sobre los Lineamientos durante varias semanas. Yo creo que no se
puede entender la proyección de los Lineamientos si no va acompañada del Discurso
Inaugural al VI Congreso del Partido por parte de Raúl Castro, quien dice claramente que
sin que haya una transformación del estilo de trabajo político, sin que haya un cambio en
la manera de concebir el papel del Partido, sin que haya un cambio también en la
democracia dentro del Partido, en la participación, en el estilo de trabajo del Partido
en sus relaciones con la población, sin que haya ese cambio, las reformas no van a tener
éxito. Y yo creo que eso, obviamente, está llamando la atención sobre el hecho de que los
ejes que atraviesan estos Lineamientos económicos y sociales, son ejes políticos; la
mayor parte de los analistas adoptan el criterio de que se trata de una serie de medidas
estrictamente económicas, como si en un país como Cuba, con el tipo de sistema político y
social que tiene, pudieran hacerse cambios económicos de fondo, que modifiquen
estructuralmente el orden existente en el terreno de la economía sin cambiar lo demás. Si
uno lee detenidamente los Lineamientos económicos y sociales, se va a encontrar que el
tema de la descentralización, el tema de la desestatización, el de la desburocratización,
y el del imperio de la ley, el del uso de la legalidad como un instrumento de los
cambios, como un marco dentro del cual los cambios no solamente se adoptan sino que
consolidan y se hacen permanentes, que es un dato muy importante, un aspecto muy
importante, esos cambios, son cambios políticos; son cambios políticos obviamente, son
cambios que tienen que ver con la redistribución del poder; con quitarle poder a las
estructuras centrales y entregarles más poder a las estructuras de base, a las
estructuras locales y eso tiene que ver con la democratización del sistema. Posiblemente
muchos de los que critican el documento de la Conferencia del Partido esperaban encontrar
este tema de la democratización o este tema de las ausencias, de las omisiones en los
Lineamientos, por ejemplo, el papel de los sindicatos, el papel de los trabajadores en
los centros de trabajo, en las decisiones que se toman en los centros de trabajo, etc.,
como el eje central del documento, yo pienso, si tomamos en cuenta lo que ocurrió, que la
Conferencia del Partido puede retomar y abundar sobre todos estos problemas que están
ahí, que están en el mismo centro de la problemática política cubana; y lo digo porque
una de las cosas, que fue realmente admirable en el Congreso del Partido es que en el
Congreso hubo un congreso, hubo una discusión; nosotros vimos por la televisión, los
cubanos y no cubanos pudimos ver por la televisión un debate real en torno al borrador
que se debatió por parte de la población. El Congreso tuvo un contenido, no fue
simplemente un ejercicio ritual para ponerle un cuño a una política ya decidida, sino que
en el Congreso se tomaron decisiones, se adoptaron cambios que no estaban ahí. Es de
esperar que la Conferencia del Partido se haga cambio de lo mismo; se haga cargo de lo
que significan las expectativas de la población y se haga cambio por supuesto de esto que
yo decía hace un rato es lo más difícil, es quizás el desafío más grande, que es cambiar
el estilo político. El estilo político, que no quiero decir estilo en el sentido de la
forma de hacer las cosas, se trata de toda una concepción en relación con lo que es la
política, con lo que es la participación de los ciudadanos y con lo que es la relación
con eso que el Che Guevara llamaba la vanguardia y la masa; que ya hoy es más la relación
entre los dirigentes y los dirigidos, es más la relación entre las instituciones
políticas representativas de la población, de los intereses y deseos de la población, y
las respuestas que las instituciones políticas le dan a esos intereses y deseos de la
población; la capacidad para dialogar, la capacidad para gobernar respondiendo a la
gente, no como un paquete de políticas que se tienen que aplicar no importa lo que las
personas piensen. Se adoptó una medida, que es la medida de la nacionalización, del
empleo, hay más de un millón de empleos sobrantes, es un análisis económico; sin embargo,
la demora en la aplicación de estas medidas, obviamente ha sido el resultado de darse
cuenta de que la población estaba angustiada, que había una angustia en la gente en
relación con el tema del desempleo; una angustia natural, una preocupación natural. Yo
creo que el mismo gobierno al demorar la aplicación de estas medidas ha demostrado un
alto grado de sensibilidad política. Yo creo que una cosa que distingue a la dirigencia
cubana, es esa sensibilidad política respecto a lo que la población siente y piensa; es
difícil creer, aunque hay quien lo cree, que la máxima dirección cubana no está al tanto
de lo que la gente en la calle siente y piensa, y en un momento como este, en donde los
cubanos se expresan en diferentes espacios, en donde hacen sentir sus ideas, hacen sentir
sus intereses y sus puntos de vista, que no son homogéneos obviamente, estamos hablando
de debate, siempre que hablamos de un espacio de intereses y de ideas estamos hablando de
diferencias, estamos hablando de no coincidencias, pero escucharlas y reflexionar sobre
ellas, y asumir responsablemente esos intereses y esos deseos de la población, yo creo
que está en el centro de la preocupación del gobierno cubano actual. Y pienso que lo que
se adopte, igual que los lineamientos económicos y sociales adoptados por el Congreso, lo
que se adopte no es una varita mágica, lo que se adopte no va a ser una camisa de fuerza,
un plan que se va a aplicar como si fuera un librito, una biblia, sino que va a ser un
instrumento de trabajo que se va a ir transformando en la medida en que a lo largo de los
próximos meses se implementen, sin prisa, sin precipitación, pero sin pausa.
-EG: Le pido su capacidad de síntesis pues nos quedan varios temas. Número uno, qué
impresión le da que la Enmienda del Congresista cubanoamericano Mario Diaz-Balart no haya
podido ir como un arete en el presupuesto para el funcionamiento del gobierno de los
Estados Unidos; aquí tuvimos que dar una gran batalla en los medios alternativos para que
se tomara conciencia sobre eso… ¿qué opinión general le merece todo esto que ha sucedido
este fin de semana en Washington y Miami?
-RH: Mire, yo pienso que los cambios oficiales, los cambios reales en la política de
Estados Unidos hacia Cuba, realmente se reducen a lo que el Presidente Obama prometió en
su campaña respecto a facilitar el encuentro, facilitar la ayuda de los cubanos que viven
aquí con los cubanos que viven en la isla; y realmente eso se adoptó en un momento
determinado y… retraerse, retroceder frente a un grupo de presión como este y fallarle a
las promesas hechas, y a las aspiraciones, y a los intereses legítimos de los cubanos que
viven en Estados Unidos en relación con sus familiares, hubiera sido una prueba no
solamente de inconsecuencia en relación con esta base electoral de la Florida sino una
prueba de debilidad política, no solo en relación con Cuba. Y yo creo que la
administración respondió mostrando que tiene una capacidad y una determinación como
ejecutivo de enfrentar estos desafíos que no tienen ninguna base legítima; porque en
realidad, pedir desde la perspectiva de una supuesta representación de los intereses de
la comunidad cubana en los EEUU, pedir desde la perspectiva de ellos al gobierno que
bloquee la posibilidad de que ayuden a sus familiares, la posibilidad de que visiten, es
un sinsentido, es una contradicción flagrante en los términos, es la prueba más palpable
de que este grupo de interés político no está representando los intereses y deseos de la
mayoría de los cubanos en los Estados Unidos; y mucho menos responde a una motivación de
democracia y de libertad en Cuba. Esa es la base de legitimización pretendida de la
política de bloqueo que va a cumplir cincuenta años. Esa inconsistencia para mí hubiera
sido un signo, una seña de debilidad que va más allá, repito, de la relación con Cuba en
un contexto donde la administración se encamina, ya, directamente hacia la campaña del
año que viene, la campaña electoral. Entonces yo pienso que la resonancia de las voces de
la sociedad civil real, de la auténtica sociedad civil, de los cubanos de EEUU, de
órganos como la radio alternativa, que tú representas muy bien con tu programa, y de
tantos americanos que están interesados también en que los cubanos puedan continuar
visitando y que ellos mismos pudieran conocer por su propia mirada, por su propia mano,
por sí mismos tocar directamente a la isla, yo creo que eso, es un consenso claro, que es
evidente, que se manifiesta; y esto fue una prueba de fuerza, donde la derrota de ese
grupo de interés fue lo suficientemente elocuente, no solamente porque no pudieron
lograrlo sino porque mostraron su naturaleza, mostraron su verdadera índole, que repito
no es representativa de los cubanos aquí.
-EG: Déjeme decirle que finalmente estaban tratando de defender lo de restringir los
viajes a Cuba mezclándolo con cualquier tema. Entre los temas que trataron de mezclar
estuvo el tema de Alan Gross, que se encuentra preso en Cuba, algo que es bien conocido;
y mi pregunta específica sería, esto lo hice como un comentario, ¿cómo ve el problema de
Alan Gross y el problema de Los 5 héroes de la República de Cuba, luchadores
antiterroristas, dígame si usted visualiza una salida, a corto o mediano plazo?
-RH: Bueno, yo creo que el cariz con el cual se desarrolló todo el juicio que llevó a la
condena de Los 5 cubanos, cuatro de los cuales siguen presos, uno de los cuales ya ha
sido liberado pero todavía no puede regresar a su país, así que de cierta forma sigue
preso, contaminó, como muchos otros momentos en la historia de los Estados Unidos,
contaminó el juicio, contaminó el carácter verdaderamente justiciero del proceso, del
fallo del tribunal; sobre eso no tengo que extenderme porque ha sido muy comentado. De
manera que estos presos son presos políticos; son presos que están ahí por haber cometido
una falta política y la posibilidad de que sean soltados yo creo que responde a la
justicia; después de haber extinguido quince años de prisión. Eso debería suceder sin que
ocurriera nada del lado de Cuba, pero si hubiera gestos, o actos o cambios del lado de
Cuba que pudieran citarse como cambios importantes en relación con el comportamiento del
gobierno cubano en torno a tener personas en prisión, hace pocos meses, en un diálogo con
la Iglesia Católica, el gobierno cubano como resultado de ese diálogo liberó a más de
cincuenta personas que estaban presas en Cuba con cargos de conspiración con una potencia
extranjera, y eso lo hizo en un gesto que no fue un quid pro quo, fue a cambio de nada,
lo hizo unilateralmente y lo hizo por un acto de justicia, a partir de que entendió que
era conveniente, que era justo, que era razonable que se aceptara a partir de la demanda
presentada por la Iglesia Católica. Le respondió a la Iglesia Católica de Cuba; yo creo
que el papel que la Iglesia Católica de Cuba ha tenido en modular en el diálogo con el
gobierno el avance, el progreso… el diálogo de la Iglesia Católica con el gobierno cubano
se ha profundizado y ha adquirido una calidad nueva en los últimos años; desde la visita
de Juan Pablo II y en la próxima visita del Papa. Yo creo que en el contexto de la visita
del Papa a Cuba, tanto el gobierno de los EEUU como el gobierno de Cuba deberían pensar,
o podrían pensar, yo no soy quien para decirles lo que tienen que hacer, pero sí creo que
podrían pensar en la conveniencia, en la oportunidad, de lo razonable de considerar la
situación de estas personas que están presas; por estos motivos, por haber violado la ley
de ambas partes, pero donde obviamente el contexto político ha sobrecargado… ambos casos,
yo no creo que podría afirmarse que la politización tuvo el mismo carácter de ambos
lados, pero en cualquier caso se trata de situaciones judiciales en donde el factor
político tiene un peso importante, y definitivamente yo creo que los cambios y el
relajamiento de tensiones, de diferencias acumuladas a lo largo de cincuenta años, es de
la responsabilidad de los dos gobiernos; y yo diría que en términos generales hay una
larga lista de medidas, incluidas todas estas reformas que están teniendo lugar en estos
momentos, y con las cuales está empeñado el gobierno cubano y la población en Cuba, todos
estos cambios forman parte de una serie de transformaciones ocurridas en Cuba durante los
últimos veinte años, sin que lamentablemente del lado de los Estados Unidos haya habido
una acción favorable, de ningún tipo.
-EG: Muchas gracias al Dr. Rafael Hernández; finalmente, para terminar la entrevista,
estamos en Navidad, en fiestas de fin de año, ¿a Usted con qué le gusta más celebrar
estas fiestas, con villancicos o con los Van Van?
-RH: Bueno, los Van Van pueden cantar villancicos también… Yo creo que a ritmo de timba.
-EG: Muchas gracias al Dr. Rafael Hernández, muchas otras preguntas se me quedaron, ya
preparadas; por cuestión de tiempo no se pudieron realizar. Muchas gracias, feliz Navidad
y felices fiestas. (Miami, diciembre 20, 2011)
Publicado por M. H. Lagarde

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