Por Carlos Rafael Diéguez. B

Una crónica de viaje dedicada a  José Martí. Al amanecer del viernes 13 de mayo  de 2011, en el Paso de las Damas, se inició  la expedición internacional “Periodistas con la Historia” integrado por hombres y mujeres  de los medios de prensa de Sancti Spíritus y  jóvenes estudiantes de cinco países: México, Belice, Vietnam, El Salvador y Ecuador. 

En el Paso de las Damas cayó en combate el Mayor General Serafín Sánchez Valdivia, héroe de las tres guerras por la independencia de Cuba. Aquí explicamos  los objetivos de la expedición: rendir homenaje al cubano mayor, visitar lugares de alto valor histórico como Dos Ríos y otros puntos de la geografía cubana desde Sancti Spíritus hasta Santiago de Cuba.

El grupo con el nombre de otro insigne espirituano: Faustino Pérez, partió cerca de las ocho de la mañana hacia el bravío oriente cubano con el pensamiento martiano “Patria es humanidad”.

A media mañana todavía estábamos en Jatibonico, porque nuestro ómnibus sufrió un desperfecto técnico, oportunidad que aprovechamos los miembros del grupo para conocernos más, en especial los estudiantes extranjeros. Vanesa, una joven salvadoreña y Rosario, de Michoacán, México, nos hicieron varias preguntas sobre el más oriental municipio espirituano.

En Jatibonico los pobladores vieron levantarse en armas a Serafín Sánchez, este territorio sirvió de escenario a la  campaña de La Reforma protagonizada por Máximo Gómez, quien gozó del privilegio de recibir en este lugar a Panchito Gómez Toro, su hijo, que luego caería con Antonio Maceo.

En el municipio también nació Antonio Darío López, uno de los jóvenes que en el año 1953 formó parte de los asaltantes al  Cuartel Moncada, en la oriental provincia de Santiago de Cuba.

La mexicana Rosario  Reyes se interesó por si en Jatibonico hubo indios, y efectivamente, los sitios aborígenes localizados datan de aproximadamente 890 años y pertenecen al patrón agroalfarero, los llamados Taínos, que basaban su alimentación en la pesca, la caza, la recolección y el cultivo de la tierra.

Hoy se conocen cuatro sitios arqueológicos: Guanabo, Las Mulas, La Nata y Los Ranchos. El último resulta la expresión más genuina de la cultura aborigen que vivió en esta zona central de la Isla. Su ajuar representativo consiste en conchas, martillos, gubias, hachas petaloides y vasijas de cerámicas.

A las diez de la mañana retomamos el viaje. Hay alegría en el grupo. Unos comienzan a merendar  los alimentos que llevan y comparten con los demás. Otros duermen, mientras una canción bien cubana se deja escuchar por los altavoces de la guagua. Todos llevamos pomos plásticos con agua congelada, también jugos de frutas. El avituallamiento es de campaña.

En el poblado de Majagua nos detenemos unos minutos en la cafetería. Ya son  cerca de  las once de la mañana y le indicamos a Rogelio, el chofer, apretar el paso porque en Las Tunas nos esperan a las dos de la tarde.

Durante casi una hora viajé de pie al lado del chofer del ómnibus, conversamos de variados temas, me habló  de sus periplos por el oriente cubano y en especial por Santiago de Cuba. Me alegra, porque así, podemos contar con su conocimiento y visitar más lugares históricos en la Ciudad Héroe. La Ciudad de Frank País para que lo jóvenes que nos acompañan sepan de aquel ilustre santiaguero y cubano que le  escribiera a su novia afirmándole su amor a la patria: “Soy distinto, sí, tienes una rival que me ha robado el alma por entero, que me absorbe en cuerpo y alma, que me hace circular la sangre más rápido al pensar en ella, que he sentido angustias y alegrías con ella. Que he llorado, y abundantemente, como un chiquillo, por sus tristezas. He sufrido ya tanto por ella que me siento suyo, ha tomado mi vida de una manera que no soñé nunca entregar más que a Dios. Soy suyo y ella es mía porque la quiero, la amo profundamente, de corazón”.

Al filo de la una de la tarde, después de 5 horas de viaje, llegamos a Camagüey. No entramos a la ciudad y tomamos por la circunvalante.  El representante de Vietnam se interesa  por  la historia de la Ciudad de los Tinajones. Varios expedicionarios le hablamos de Ignacio Agramonte. Desde el propio vehículo en movimiento, le contamos sobre la vida del insigne patriota y brillante jefe militar de ideas avanzadas y amplia cultura, que desempeñó un decisivo papel en los acontecimientos militares y políticos vinculados a la Guerra de los Diez Años (1868-1878), por la independencia de Cuba.

Agramonte después de cursar estudios de latín y Humanidades en España, regresó a Cuba y culminó la carrera de Jurisprudencia en la Universidad de La Habana.

Los expedicionarios nos reunimos en el centro del ómnibus  y se producen varias exposiciones sobre la vida de Ignacio Agramonte. Yeris del Sauzal, periodista de la radio, explica cómo Agramonte  a los 24 años comenzó a ejercer la abogacía  y se vinculó a las conspiraciones contra el régimen colonial en  Camagüey donde tomó el camino de las armas tras el alzamiento de Céspedes el 10 de Octubre de 1868, convirtiéndose  en  uno de los más destacados guerreros de la Revolución. Su designación como jefe de las operaciones en Camagüey fue oportuna, en momentos que parecían indicar el derrumbe de los libertadores, continuó peleando y transformó a las fuerzas a su mando en unas de las más aguerridas, organizadas y disciplinadas.

Nuestro Web master Wilber  Zada  recuerda que los  historiadores de la época  y los propios compañeros de Agramonte lo describen como un joven de carácter violento y apasionado. Un  guerrero  convertido  en  general severo, justo, cuidadoso y amante de su tropa; moralizó con la palabra y con la práctica, convirtiéndose en maestro y modelo de sus subordinados.

Gilberto García  realizador de sonidos de  Radio Sancti Spíritus interviene en el diálogo  para precisar que Agramonte  tenía como  concepto que  los éxitos en la guerra no deben medirse por el ruido de la victoria que se atribuye cualquiera de los bandos, ni por el valor de la posición tomada, sino por la reducción efectiva de las fuerzas del vencido y por el decaimiento de su moral combativa. Maricela Hernández, periodista de Radio Vitral, acota que la más  notable hazaña  de Agramonte fue el rescate del brigadier Julio Sanguily.

Le recuerdo a mis compañeros que esa  acción  fue y es un  ejemplo de capacidad organizativa, coraje y valentía porque  con un pequeño grupo de hombres logró arrebatarle vivo el prisionero a las fuerzas españolas muy superiores en número. Tras cien acciones brillantes de guerra, el 11 de mayo de 1873 Agramonte cayó en una escaramuza con la sien atravesada por una bala española. Se hace silencio en el vehículo, nuestra vista se pierde  en el horizonte  de los paisajes de Jimaguayú, en mi mente la figura del Mayor  y comienzo  escuchar la canción de Silvio Rodríguez, como arte de magia, tarareo la pieza y todo el grupo entona la letra a propuesta de Maricela Torres Falcón, la presidenta de la UPEC de Radio Sancti Spíritus.

El hombre se hizo siempre/ de todo material/ de villas señoriales/
o barrio marginal/ Toda época fue pieza/ de un rompecabezas/ para subir la cuesta/ del gran reino animal/ con una mano negra/ y otra blanca mortal.

Mortales ingredientes/ armaron al Mayor/ luz de terratenientes/ y de revolución,
destreza de la esgrima/ sucesos como un preso/ Amalia abandonada/ por la bala/
la vergüenza, el amor/ o un fusilamiento/ un viejo cuento/ modelaron su adiós.

Va cabalgando el Mayor con su herida/ y mientras más mortal el tajo, es más de vida/ Va cabalgando sobre una palma escrita/ y a la distancia de cien años resucita/ Trota sobre la espuma/ seguido por un mar/ de negros en machete
y sin encadenar/  Ordena a su corneta/ el toque de a degüello/  y a un siglo de distancia/  entona nuestra canción/ y con recia garganta/ canta, espanta
lejos la maldición.

Nuestra marcha no se detiene, mientras atrás dejamos la Ciudad de  Camagüey,  Lizandra Gómez, periodista de la Cadena Provincial de Radio Sancti Spíritus,  continúa repasando las notas históricas de los lugares que debemos recorrer, le advierto que más adelante nos espera Guáimaro, otra ciudad cargada de acontecimientos.

Luis, el estudiante  salvadoreño pregunta ¿Por qué el nombre de Guáimaro?  Omar Stainer, el joven psicólogo de la delegación, hace una disertación  del lugar y explica que Guáimaro antes de la llegada de los conquistadores era un cacicazgo o provincia, su nombre o toponímico proviene de una voz aborigen con la que era denominado un árbol muy extendido por toda la zona.

En 1530 la aldea aborigen de Guáimaro fue destruida por una partida enviada desde Puerto Príncipe por Vasco Porcayo de Figueroa. Hacia 1590 fue otorgado como Hato y la Villa quedó fundada el 10 de febrero de 1791, era el centro de una vasta zona ganadera.

Al estallar la guerra de los Diez Años, Guáimaro se convierte en el primer pueblo libre del Camagüey y al caer en manos mambisas el 4 de noviembre de 1868. Fue punto de reunión de Céspedes y Agramonte y de otros patriotas mientras se preparaban las condiciones para celebrar la Asamblea Nacional del Pueblo de Cuba el 10 de abril de 1869.

El ómnibus sigue tragando kilómetros y la mayoría de los expedicionarios regresan a sus asientos. El coloquio histórico cesa por el momento. No podemos demorarnos mas, en la Casa de la Prensa de Las Tunas nos esperan, tampoco nos detenemos en Guáimaro, con la reseña que se hizo ya tenemos una visión de la heroicidad de sus pobladores.

Mientras los muchachos duermen, vuelvo a mi asiento que comparto con mi esposa  de más de treinta años, Noelia, ella también, como yo somos de estas tierras orientales. Entrando a territorio tunero me recuerda que estamos en predios de mis abuelos maternos.

No pierdo tiempo para exponerle que aquí vivió uno de los mambises más grandes de la historia cubana, Vicente García, proveniente de una familia acomodada, no dudó en poner sus bienes al servicio de la gesta emancipadora. Fue uno de los primeros en incorporarse a la Guerra de los Diez Años, y a esta se entregó por completo, consciente de que ese era el único modo de lograr la libertad tan ansiada por los cubanos.

Noelia tan al tanto siempre de la familia me dice que fue la camagüeyana Brígida Zaldívar Cisneros, quien compartió con el Mayor General Vicente García sus glorias y desventuras. No solo el amor los unía, ella siempre estuvo a su altura, era tan osada y revolucionaria como él. En sus propias manos vio morir de hambre a dos de sus hijos, cuando la familia de García fue sometida a cautiverio por las fuerzas españolas. Pero juntos supieron sobreponerse a estas y otras dificultades. ( Vea el libro completo )

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