Escrito por Isela Martínez Solares y Armando Francisco Higuera del Reyo

Recordar a John Reed a 124 años de su natalicio es reconocer el papel fundamental del periodismo en la sociedad.

El escritor y periodista  norteamericano John Reed nace el 22 de octubre de 1887 en Oregón y sus actividades lo conducen a nuestro país siendo joven. Pronto obtiene un enorme prestigio por el trabajo realizado acerca de la Revolución Mexicana de 1910-17.

Con “México Insurgente” se consolida su destacada trayectoria informando acerca de un pueblo revolucionario en armas que reconoce a Francisco Villa como uno de sus principales líderes. Así los peones oprimidos levantaron el estandarte de la revuelta y John Reed cabalgaba con ellos.

El talento y las convicciones de John Reed le permiten escribir después su otra obra maestra en donde ofrece la verdad de Rusia que en las calles decide transformar la realidad que vive, conmoviendo al planeta e impulsando con éxito a los bolcheviques de Lenin con la famosa Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917. Su libro “Diez días que estremecieron al mundo” ha sido leído por millones de personas.

John Reed fue principal fundador del Partido Comunista de los Estados Unidos de América. Siendo delegado representando a su partido, fue electo al Comité Ejecutivo de la Tercera Internacional.  También participó como dirigente revolucionario  en el importante Congreso de los Pueblos de Oriente celebrado en Bakú.

Por su trabajo como cronista de hechos históricos y sociales, fue reconocido como el mejor corresponsal de guerra, pero por sus ideas revolucionarias también es amenazado y perseguido por el gobierno norteamericano y prácticamente es expulsado de su país, recibiendo asilo en la Unión Soviética.

John Reed es considerado como uno de los más grandes periodistas de todos los tiempos.

El peligro jamás lo detuvo. Siempre estuvo en  las líneas avanzadas de las trincheras, así recorría el mundo, de un frente a otro, de una aventura extraordinaria a otra, pero John Reed no era simplemente un aventurero ni  un espectador indiferente, era un periodista, un observador impasible de los sufrimientos humanos, sufrimientos que hacía suyos.  La sangre vertida ofendía su sentimiento de justicia y de decoro. Corría por sus venas sangre revolucionaria.

Así con inteligencia, valentía y honestidad, John Reed nos dice con claridad cómo es posible realizar el periodismo con dignidad, ofreciendo respeto al derecho a la información que los seres humanos tenemos para conocer mejor la realidad e intentar transformarla para vivir en paz y armonía. Por eso John Reed es recordado y todos aquellos que siguiendo su ejemplo, como el caso de Julius Fucik, mantienen viva la esencia de una  profesión tan necesaria en la actualidad.

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