A mediados del  año pasado los grandes medios de comunicación se sumaban con entusiasmo a las revelaciones de la organización de filtraciones Wikileaks, y convertían a su líder -Julian Assange- en un ángel justiciero que actuaba en nombre de la libertad de expresión.
Primero se beneficiaron  los diarios  The New York Times y The Guardian, junto al semanario alemán Der Spigel, a los que la entidad de Assange entregó, a fines de  Julio de 2010, 92.000 documentos clasificados sobre operaciones militares de Estados Unidos en Afganistán. Este acontecimiento había estado precedido por la importante repercusión que a mediados de ese mismo mes había tenido la filtración del video que muestra cómo militares norteamericanos, desde un helicóptero, asesinaron en Iraq a un reportero de la agencia  Reuters, a su ayudante y a nueve personas más.
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