Se que no leerás esta carta y que no te interesa tampoco leerla, total quien soy yo?, pero que ganarías?, así que no gastaras ni un minuto para saber que digo pero ahí va, “desnuda y sin guantes”.
Empecé a leer tu carta de respuesta a Edmundo García con un gran optimismo y respeto hacia el gran poeta revolucionario que conocía.
En este mundo en el que se tergiversan tanto las noticias y sobre todo las que vienen de Cuba y de sus defensores, aprendí a no creer lo que me cuentan y así pese a haber escuchado numerosas opiniones acerca de lo que decías de Cuba, nunca creí que fuera cierto y siempre pensé que se trataba de una mal interpretación de tus palabras y nunca me tome el trabajo de buscar tus criterios dichos por ti.
Tristemente mi optimismo se fue apagando y mi respeto se convirtió en vacío.
Tenias la gran oportunidad de decir tantas cosas que no dijiste, la espectacular excusa para alzar tu voz en contra de la mentira y en favor de tu pueblo, era el precioso instante en que hubieras podido mostrar al mundo lo que ha sido y es la revolución cubana y sus lideres y solo derrumbaste tu imagen de hombre honesto y te pusiste del lado de los vulgares vende patrias de Miami.
Yo se los problemas que hay en Cuba pero no creo que sean tan graves como los que hay en Estados Unidos y en otras grandes democracias del mundo, no creo que esa sea la manera de solucionarlos y mucho menos el medio para combatirlos.
Tanta poesía que hay en la Revolución cubana, tanta melodía, tantos sueños, y sin embargo optaste por contar lo que ya sabemos que cuentan los que tergiversan la verdad, le distes ala a la falsedad y el odio, alimentaste el el engaño y el rencor y para colmo no usaste ni una línea para criticar las guerras y masacres del imperio, para defender a los oprimidos o para proteger a los pobres o a los negros, o a los excluidos.

Escribiste “Sobre la intelectualidad miamense que comentas que me ha apoyado en sus artículos, te diré que no tengo absolutamente ningún miedo ni prejuicio en recibir una frase amable y receptiva”- eso sobraba, se ve que eso es lo que buscas.
Criticar a la revolución desde afuera de Cuba es muy fácil, pero defenderla es lo que requiere coraje, y allí en ese malévolo y retortijado medio, en ese divulgado y alimentado cúmulo de mediocridad y odio, hay que saber sembrar amor y respeto, cultivar tolerancia y admiración, educar y hacer crecer el alma y la poesía y tu hubieras podido responder elegante y honestamente sin hacerte añicos y venderte al Diablo, pero eso solo lo hacen hombres íntegros, revolucionarios verdaderos, defensores de la verdad, la justicia y el decoro, tu no estas evidentemente en ese grupo.

Te definiste y te quedaste en el suelo y la podredumbre, te arrastraste como ellos y para colmo relevaste tu “infantilismo revolucionario” con eso de “no implica que esté en desacuerdo con Fidel y tampoco implica que esté de acuerdo con las Damas de blanco” %96 no?, creo que los matices que quieres inventar son solo falsedades e hipocresía, cobardía y propaganda, miedo y oportunismo.
Quisiera recordarte algo que muchas veces cantaste: “Pobre del cantor de nuestros días/que no arriesgue su cuerda/por no arriesgar su vida.”
Y asegurarte que aun fueras “grande” si hubieras solo respondido con tu canción:”Yo me quedo con todas esas cosas/pequeñas, silenciosas,con esas yo me quedo.”
Ya sabemos que eso de “Ámame sin temor alguno/que yo he de prometer/fidelidad a mi modo de ser” es para ti solo una frase bonita, pero para muchos otros significa mucho.

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