Olga Fernández Ríos
El pueblo y el gobierno de Cuba se encuentran enfrascados en un
sustantivo proceso de transformaciones socioeconómicas y políticas con
el objetivo de avanzar en la transición socialista. La actualización
del modelo económico y la preservación de la justicia social,
constituyen el núcleo de ese proceso, pero a la vez la reanimación y
profundización de la participación popular, el fortalecimiento
institucional, el enfrentamiento al burocratismo, y el mantenimiento
de un consenso político favorable, se convierten en condiciones para
hacer viables los cambios a realizar.

Sobran los ejemplos de la prioridad que desde 1959 se ha concedido a
la institucionalización del país y a la participación popular. Pero no
es menos cierto que imperativos coyunturales, interpretaciones erradas
con las conocidas influencias negativas del “socialismo real” y
limitaciones en cuadros de dirección, entre otros factores, trajeron
consigo confusiones en algunos roles institucionales, deformaciones
burocráticas y formalismo. A ello se unió un desaprovechamiento o
subvaloración de espacios participativos e incluso de su ocasional
bloqueo por acciones burocráticas.

Esos problemas, que distorsionan la transición socialista, han sido
analizados críticamente y con decisión de rectificación. No debe
olvidarse que en otras ocasiones hubo intentos por sacudir la inercia
burocrática o las tendencias voluntaristas que contribuyeron a
erosionar la institucionalidad existente y a generar duplicaciones de
vías de dirección y, a la larga, la hipertrofia de funciones del
Estado. Lamentablemente los problemas han llegado a nuestros días con
una urgencia de solución que sobrepasa a la existente en años anteriores.

A ello se suma con fuerza la necesidad de renovar constantemente los
bríos y sentidos para el involucramiento popular en los procesos
participativos que son imprescindibles en la transición socialista
teniendo en cuenta, además, que hay nuevas generaciones de cubanos que
no experimentaron los impulsos participativos de las primeras décadas
del devenir revolucionario.

En los análisis realizados en los últimos años sobre el
perfeccionamiento del modelo de desarrollo socialista, ha estado
presente de una u otra forma, directa o indirectamente, la idea de que
la sociedad cubana necesita generar los antídotos que puedan actuar
contra la negativa triada que forman el burocratismo, el voluntarismo
y la corrupción, y contra cualquier tendencia que arriesgue los
ideales y los objetivos socialistas.

En esa dirección el VI Congreso del Partido Comunista de abril pasado,
llamó a un fortalecimiento de la institucionalidad, a una mayor
precisión sobre los roles que corresponden al Partido, al Estado y a
los sectores organizados de la sociedad, a todos los niveles. Como
algo más implícito quedan los planteamientos encaminados a potenciar
la participación popular, donde con toda seguridad radica un
insustituible potencial para enfrentar muchos de los problemas
mencionados. Trabajar para fortalecer el protagonismo popular en la
toma de decisiones y el control de la gestión, es un imperativo que
corresponde a las condiciones de democracia socialista.

Institucionalidad y métodos de dirección perfectibles

Con relación a la institucionalidad vale la pena recordar los
profundos y nada precipitados procesos que se desarrollaron a partir
de 1959, primero, para constituir un Partido Comunista que a la vez
fuera de la nación cubana por la amplia base popular de su integración
y por su vocación unitaria martiana y marxista; segundo, para elaborar
y refrendar una constitución socialista y un sistema político
encabezado por ese Partido y con un Estado representante de un único
poder definido como Poder Popular, con sus propios canales
participativos y representativos. A ello se une la temprana formación
de un amplio espectro de organizaciones sociales de base popular,
junto con otras muchas entidades de la sociedad civil con incidencia
en la vida sociopolítica del país. [1]

En todo momento se ha reconocido que los componentes del sistema
político cubano son perfectibles incluyendo en sus elementos
estructurales [2] a la vez que se tiene en cuenta que muchos de los
problemas que han existido son de carácter funcional y subjetivo. En
el caso del Estado, por ejemplo, entre los problemas detectados, se
encuentran deficiencias en la gestión de los Consejos de
Administración y de otras entidades subordinadas a nivel local,
insuficiencias en la atención a los planteamientos de los electores,
falta de vínculos de los dirigentes administrativos con las bases,
insuficientes relaciones de las direcciones de las asambleas
municipales con los delegados que la integran y confusiones en tareas
que a ellos se asignan sin estar en correspondencia con sus funciones. [3]

El mencionado evento partidista puso sobre el tapete estos temas con
la urgencia de buscar soluciones y de precisar y respetar los
correspondientes roles y métodos de dirección acorde con la autoridad
que corresponde a cada institución, tal y como se refrenda en la Carta
Magna de la República. [4]

Al respecto destacamos la adopción de la “Resolución Sobre el
Perfeccionamiento de los Órganos del Poder Popular, el Sistema
Electoral y la División Político Administrativa” que refuerza el
trabajo que desde el año 2010 viene realizando una Comisión del
Partido, la Asamblea Nacional y el Gobierno para evaluar la
organización y funcionamiento del Poder Popular con vista al
perfeccionamiento institucional del Estado cubano. Los acuerdos
adoptados por la Asamblea Nacional en su sesión del pasado primero de
agosto, evidencian la puesta en marcha de dicho perfeccionamiento. [5]

También con esos fines, se requiere lograr una mayor coherencia entre
las diferentes esferas de la sociedad y entre los niveles centrales y
las bases locales con un equilibrio entre centralización y
descentralización, en el marco territorial y en los ámbitos de las
empresas y de otras formas de organización de la producción y los servicios.

Un importante desafío en materia de institucionalidad es la
transformación de los métodos y estilos de dirección con el objetivo
de enfrentar el burocratismo. Los análisis realizados, evidencian que
en muchas esferas de la sociedad se han invertido las lógicas de la
dirección y que para enderezarlas urge eliminar el lastre
antisocialista en que se ha convertido el burocratismo con sus estilos
tecnocráticos y verticalistas de ordeno y mando, fertilizados con
formalismo, ausencia de debates y actitudes antidemocráticas.

El terreno del burocratismo es un campo minado cuya limpieza se hace
compleja al integrar condicionantes objetivas y factores subjetivos
por lo que el enfrentamiento a estos fenómenos tiene que ser integral.
Por una parte se requiere modificar la exagerada red de disposiciones,
reglamentaciones y prohibiciones de diverso corte que sirven de
justificación y pretexto a la burocracia y que sobrepasan las lógicas
normativas que la sociedad necesita. Por otra parte, y lo que es más
complejo, urge desmontar el empoderamiento de sectores burocráticos y
su alejamiento de las bases populares que en definitiva son a las que
deben tributar.

Afortunadamente son temas que están en el centro de atención de la
dirigencia del país con muy buena recepción en el pueblo.

Participación popular: sus diversas facetas

Para avanzar hacia una concepción más política e integral sobre el
tránsito socialista, es imperativo ratificar que ese proceso es viable
y perfectible sólo si se logra un permanente diálogo social y un
interactuar entre las autoridades que dirigen las diferentes entidades
y el pueblo al que están obligados a representar. En esa dirección
también se entrecruzan las potencialidades de la participación popular
y la continua legitimación de los dirigentes a todos los niveles.

Se trata de la reivindicación de la dialéctica entre dirigentes y
dirigidos que cimentó la autenticidad de la Revolución Cubana y que de
forma muy diáfana fue expuesta en 1965 por Che Guevara en El
Socialismo y el Hombre en Cuba.

En esa obra, como buen marxista, Che reconoció el papel protagónico de
los sectores populares en la construcción del socialismo; también
precisó que la masa -como conceptualizó al pueblo- no es una suma
mecánica de individuos sino que es un ente multifacético, educado y
preparado por la propia Revolución, con conciencia de su quehacer y de
su responsabilidad y que integra objetivos personales y sociales. [6]

Con relación a la interacción que debe existir entre el ser humano, la
masa y la vanguardia política para que se traduzca en un liderazgo
auténtico y efectivo, Che argumenta tres acertadas tesis que hoy
retomamos: 1) no hay socialismo sin participación consciente de las
masas; 2) el papel de los dirigentes debe estar subordinado a los
intereses de las masas, 3) en el socialismo el liderazgo no se impone,
sino que se gana a partir de lo que él llama “conexión estructurada
con la masa” para auscultar permanentemente sus reacciones y necesidades.

En este y en otros trabajos Che resaltó el liderazgo de Fidel y su
capacidad de interpretar y ser fiel a los anhelos del pueblo [7] lo
que a la vez influye en el logro de una adecuada interacción entre
ética y política en todos los niveles que ha sido una de las premisas
de la Revolución Cubana llamada a legitimarse en el día a día. No
olvidar que éste es también otro ángulo de las diferencias entre
socialismo y capitalismo. [8]

Una de las concepciones políticas que tempranamente legitimó a la
Revolución Cubana y a sus dirigentes, fue la comprensión fidelista de
que los que ostentan cargos tienen en la participación popular y el
diálogo sociopolítico con las bases un instrumento de trabajo
ineludible. Raúl Castro también lo ha reiterado propiciando procesos
de consulta popular y cuando en efectiva imagen del quehacer político
subraya la necesidad de “tener los oídos bien pegados a la tierra”.
Algunos pueden haberlo olvidado, pero el momento actual exige del
involucramiento popular en la toma de decisiones con un rol
protagónico de los trabajadores a lo que se une el imperativo de
armarlos con la requerida información para tan importante ejercicio.

Se trata de potenciar en las nuevas condiciones históricas la
capacidad participativa que desde las primeras décadas de la
Revolución formó en Cuba un sujeto con personalidad democrática y
cultura de los derechos e influyó en la existencia de una comunidad
política en el país y en los altos índices de gobernabilidad que, a
pesar de factores adversos, se ha mantenido a lo largo de más de 50 años.

Hoy es imperativo elevar la calidad de la participación popular en
todas sus formas -económica, política, social, cultural y otras – si
se tiene en cuenta que se avizora como necesario avanzar en el control
popular sobre la gestión de dirección, el uso racional de los recursos
y el modo con que debemos asumir la producción y el desarrollo
socialista en las nuevas condiciones. Los trabajadores cubanos están
preparados para asumir con más fuerza ese rol susceptible de
convertirse en un freno a los métodos burocráticos y a las
manifestaciones de corrupción y voluntarismo.

Si el proceso que precedió al VI Congreso del PCC reivindicó el
involucramiento popular, el reto es mantenerlo y continuar ampliándolo
como requisito para el ulterior desarrollo hacia el socialismo que
requiere de transparencia de la gestión pública y de la permanente
evaluación y legitimación popular. El sistema político cubano cuenta
con las vías para hacerlo, lo que también pone sobre el tapete un
punto de tensión para precisar los roles de cada entidad y
organización con vistas al correcto uso de la institucionalidad
democrática con que cuenta el país.

Es obvio que procesos de consulta popular masiva pueden reservarse
para toma de decisiones de alcance nacional y estratégico, pero es
posible incrementar de forma estable la participación popular en la
gestión pública local, en la promoción de iniciativas y proyectos
comunitarios, laborales y sectoriales, incluso nacionales, entre
otros. Ese tipo de prácticas puede influir positivamente en una mayor
incidencia de los diferentes actores sociales en la innovación de las
formas de gobierno de manera descentralizada como parte y equilibrio
de la gestión política y antídoto a las “lógicas” verticalistas de la
burocracia a todos los niveles.

De igual forma se revitaliza la participación popular cuando se
potencian no sólo los viejos actores sociales, sino también los
nuevos, como es el caso del sector trabajador emergente que no depende
del Estado pero cuya inclusión en el proceso de construcción colectiva
de la sociedad socialista es ineludible.

No es casual que en su concepción y diseño el Estado cubano cuente con
canales endógenos para la participación popular, que la sociedad civil
tenga los suyos y que a la vez pueda producirse una interacción
participativa entre ambas esferas lo que sin dudas aporta a la calidad
de la democracia. El hecho de que los ciudadanos se integren a
diversas organizaciones sociales, como ocurre en Cuba, multiplica las
vías para hacer efectiva la participación popular generando espacios
de socialidad con influencia en la toma de decisiones, incluyendo las
que afectan la vida cotidiana de las personas.

Sobre ese tema algunos politólogos, incluso no marxistas, han
considerado que en la calidad de la democracia influye el que los
ciudadanos pertenezcan al mismo tiempo a una variedad de instituciones
y organizaciones con influencia en la vida sociopolítica [9] . Esto
además propicia el equilibrio entre lo que corresponde a las
instituciones y lo que potencie la participación popular e influye en
que las decisiones políticas se asuman como propias por toda la ciudadanía.

Si bien para el éxito del actual proceso de cambios que tiene lugar en
Cuba la existencia de variados espacios participativos es una
fortaleza, al mismo tiempo debe reconocerse que es posible
aprovecharlos en toda su potencialidad, de ahí la importancia de que
se retome este tema teniendo en cuenta, además, que las vías y formas
de participación popular pueden y deben renovarse de acuerdo con las
nuevas exigencias de la sociedad.

Conferencia Nacional del PCC

Hay referencias que indican que la Conferencia Nacional del Partido
Comunista de Cuba, convocada para enero del 2012 como continuidad del
VI Congreso, profundizará sobre el rol de las instituciones que
integran el sistema político cubano, el perfeccionamiento de la
democracia y otros asuntos vinculados a esta importante esfera. Al
respecto el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, Raúl
Castro, ha reiterado la decisión de enfrentar el burocratismo y
eliminar las confusiones de roles institucionales que han existido y
que nada aportan al desarrollo socialista y ha reconocido el papel
decisivo de la participación popular en los actuales procesos que
tienen lugar en la sociedad cubana.

Institucionalidad y participación popular se integran a la
actualización del modelo económico con decisiva influencia en su
desarrollo. La magnitud de los cambios que se implementen pudiera
conducir a un nuevo momento de perfeccionamiento de la
institucionalidad política en Cuba, que se suma a los ocurridos en
1976 y 1992. Es conocido que los procesos de institucionalización no
sólo están dados cuando se crean nuevas instituciones, sino que
también se producen cuando se revitalizan las ya existentes a través
de un reordenamiento significativo, de innovación de las formas de
gestión pública y cuando se perfeccionan métodos de correlaciones
institucionales y de dirección.

En todo el proceso las potencialidades de éxito dependerán en gran
medida de la capacidad de orientación, persistencia y exigencia que
genere la dirección del país; del involucramiento popular y del
perfeccionamiento de las formas de participación sociopolítica de la
sociedad, muy especialmente de los trabajadores; también, y con mucho
peso, de la coherencia de los cambios a implementar y del
perfeccionamiento que se logre en la política encaminada a la
selección y evaluación de los cuadros de dirección a todos los niveles.

Como ocurrió en los años 70 y principios de los 90, el proceso actual
exige del conjunto de los sectores populares, de la militancia del
Partido, de los trabajadores y estudiantes, de los intelectuales y
científicos, profundos análisis y debates políticos y teóricos que
urge retomar, sin formalismos y con responsabilidad, para la mejor
orientación de los cambios a implementar, evitando improvisaciones y
tergiversaciones acerca de la construcción del socialismo. El desafío
estratégico será la permanente renovación de la hegemonía socialista
en las nuevas condiciones históricas de la Revolución.

[1] El sistema político cubano se conformó a través de un proceso que
entre sus hitos incluye la formación del Partido Comunista de Cuba
culminada en 1965 y la realización de un referéndum popular en 1976
que aprobó la Constitución Socialista y con ella el sistema de órganos
del Poder Popular y el sistema electoral. A esto se une la previa
constitución o fortalecimiento de organizaciones de obreros,
campesinos, mujeres, estudiantes, vecinos y otras.

[2] Desde el establecimiento de los Órganos del Poder Popular se han
introducido ajustes para lograr más vinculación con las bases. En 1992
el sistema electoral y la propia Constitución fueron reformados a
partir de un amplio debate popular que generó el IV Congreso del PCC.
En esa oportunidad se amplió la democracia directa en la elección de
delegados provinciales y diputados y se realizaron ajustes acorde al
desarrollo socioeconómico que el país demandaba.

[3] Teniendo en cuenta estos y otros problemas recientemente se acordó
iniciar un experimento en las provincias Artemisa y Mayabeque con
vistas a estudiar una posible reforma del artículo 117 de la
Constitución de la República en la dirección de separar los cargos y
atribuciones de Presidente de las Asambleas Municipales y Provinciales
del Poder Popular y de sus respectivos Consejos de Administración con
vistas a erradicar algunas disfunciones que se han generado al estar
unidos en una misma persona. Al respecto ver Sobre la experiencia a
desarrollar en las provincias de Artemisa y Mayabeque, diario
“Granma”, 2 de agosto de 2011, p 6

[4] Al respecto ver los artículos 5, 6, 7, 8 y 9 de la Constitución de
la República de Cuba en los que se precisan las funciones y deberes
del Partido Comunista de Cuba, la Unión de Jóvenes Comunistas y el Estado.

[5] Para ampliar ver diario “Granma”, 2 de agosto de 2011

[6] Ernesto Che Guevara, El Socialismo y el Hombre en Cuba, “Marcha”,
Montevideo, Uruguay, 12 de marzo de 1965. Puede consultarse esa obra
en el sitio web del Centro de Estudios Che Guevara “http//cheguevara.cubasi.cu

[7] Ernesto Che Guevara, Cuba, excepción histórica o vanguardia en la
lucha anticolonialista, en “Obras 1957- 1967” , Casa de las Américas, T 2 p.404

[8] Ver Olga Fernández Ríos Socialismo, Ética y Política: Una
reflexión a partir de El Socialismo y el Hombre en Cuba en “Revista
Cubana de Ciencias Sociales” Nro. 38/39, octubre 2007-septiembre 2008, p 50-53.

[9] Ver Samuel Huntington, El orden político de las sociedades en
cambio, PAIDOS, 1990, p 30

Olga Fernández Ríos trabaja en el Instituto de Filosofía de La Habana

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